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FCF, siempre atenta a la más rabiosa actualidad, aprovecha ahora que se están celebrando las olimpiadas, con un cierto transfondo político por el tema de los derechos humanos, y la reciente concesión del Arthur Ashe Courage Award a dos de los protagonistas de esta imagen, para comentar la imagen más famosa de las Olimpiadas de 1968.

(¿eh? ¿que hace meses que acabaron los Juegos Olímpicos? ¿que ese premio se concedió a mediados de julio? Bueno, detallitos, detallitos...)

un hombre con una bolsa de la compra se sitúa delante de una columna de tanques en una avenidaEl final de la primavera y comienzo del verano de 1989 fueron tristemente intensos en China. Durante varias semanas una microrevolución tuvo lugar en uno de los lugares más emblemáticos de Beijing: la Plaza de Tian'anmen, una de las mayores del mundo, situada a la entrada de la Ciudad Prohibida, y en la que Mao proclamó la República Popular China en 1949.

Durante esas semanas, miles de personas, estudiantes, obreros, intelectuales y trabajadores de todo tipo se concentraron en la plaza, a la vez que las manifestaciones recorrían el país. El gobierno chino, que un principio estaba dispuesto a realizar negociaciones, se cerró en banda ante la demanda de nuevos partidos políticos. Las protestas pasaron a considerarse oficialmente disturbios, y cientos de estudiantes se pusieron en huelga de hambre. A lo largo del país, unos cuatro millones de personas participaron en las protestas. El 20 de mayo se declaró la ley marcial y el ejército salió a la calle. En Beijing, se vieron con cerca de un millón de civiles increpándoles y golpeándoles, llegando incluso a morir varios soldados. El 4 de junio de 1989 las tropas del 27 ejército entraron en la Plaza de Tian'anmen. El número de víctimas es desconocido, pero las estimaciones barajan entre 180 y más de 3.000 muertos, la mayor parte en las calles y avenidas aledañas a la plaza.

La mayoría de los medios de comunicación se concentraba en el Hotel Pekín, a unos 500 metros de la plaza y sin visión directa de la misma (como curiosidad, la única televisión que pudo grabar en la plaza en la noche del 3 al 4 junio fue TVE).

Al día siguiente, 5 de junio de 1989, con los cadáveres aún en las calles y los soldados disparando indiscriminadamente en las calles de Beijing, una columna de tanques tipo 59 avanza por la avenida Chang'an, parcialmente visible desde el Hotel Pekín. Desde un balcón del piso 8, los fotógrafos Charlie Cole, de AP/Newsweek y Stuart Franklin, de Magnum/Time la fotografían, cuando un joven, con una chaqueta en una mano y una bolsa de la compra en la otra, se sitúa en medio de la avenida, frente a los tanques. Sin salir de su asombro, los dos fotógrafos retratan al joven y observan como el primera tanque lo intenta esquivar, mientras el joven sigue interponiéndose en su camino, e incluso se sube al tanque e intercambia varias frases con uno de los soldados, hasta que varias personas de paisano lo agarran y se lo llevan. Poco después, cuando Stuart ya se había ido hacia la Universidad de Beijing, agentes de la policía secreta irrumpen en la habitación, sacan los carretes de las cámaras de Cole y le confiscan el pasaporte. Por suerte, Cole había sido lo suficientemente precavido como para esconder el carrete con las fotos del hombre del tanque en la cisterna del baño, dentro de su estuche plástico. Esa foto le valdría el World Press Photo de 1989.

Además de Cole y Franklin, al menos dos cámaras (de la BBC y la CNN) y otros tres fotógrafos, como Jeff Widener capturaron la escena. La foto de Widener, de Associated Press, tomada con un 400mm, ha sido la más reproducida. Widener la tomó desde el sexto piso del Hotel Beijing, en la habitación de un estudiante llamado Kurt, que no sólo le prestó el carrete, sino que además lo llevó, en bicicleta y dentro de su ropa interior, hasta las oficinas de AP, donde fue revelado y transmitido a las pocas horas. Esta fotografía tiene un grano muy acusado, al parecer debido a que Widener no calibró correctamente la cámara a la sensibilidad del carrete prestado.

El protagonista

La identidad del joven, y que fue de él, es hasta hoy un misterio, y posiblemente lo seguirá siendo. Algunas fuentes lo han identificado como un estudiante de 19 años llamado Wang Weilin o Wang Ai-min, pero no parece una información muy fiable. Muchos piensan que quienes le apartaron de los tanques eran policías secretas, y que fue ejecutado poco tiempo después. Otros afirman que aún hoy sigue vivo, oculto en algún lugar de Taiwán o de la China continental. La única referencia oficial al respecto la dió Jiang Zemin, sucesor de Zhao Ziyang, Secretario General del Partido Comunista Chino cuando ocurrió la matanza de Tian'anmen, y que fue purgado por mostrar su apoyo al movimiento estudiantil y oponerse a la declaración de la ley marcial. Jiang Zemin declaró en una entrevista en 1990: "Creo que nunca se le mató".

Para saber más:

Artículo en la Wikipedia
La historia de la foto de Cole en español, en Ojo Digital
La historia de la foto de Widener, en Pure-Essence. [en]
Artículo en Time [en]
Reportaje de la PBS [en]
El vídeo, en YouTube, y en la CNN
¿Coleccionista de fotos? AP tiene a la venta una edición limitada de copias de 50x40cm, firmadas por Jeff Widener. Y también sin firmar, pero claro, no molan tanto.
Para las economías más modestas, también está disponible en allposters.com (no estoy seguro de que versión se trata)

Actualización (8/6/09): Lens, el blog sobre fotoperiodismo del New York Times, publica con motivo del 20 aniversario de la imagen un muy interesante artículo con entrevistas a los distintos autores de las fotos.

If this kid's going to give his life in protest I have a responsibility to nail the shot.

Charlie Cole

The picture's part of my life now. His message was, 'Enough's enough. There's been enough killing. It's got to stop.'

Jeff Widener

Como un beso, por lo general, sabe a poco, hoy toca comentar otro de los más famosos ósculos de la historia de la fotografía: el beso del Día de la Victoria.

Un marinero besa a una enfermera durante el desfile del Día de la Victoria en Nueva York
Kissing the War Goodbye, Victor Jorgensen
Un marinero besa a una enfermera durante el desfile del Día de la Victoria en Nueva York
V–J day in Times Square, Alfred Eisenstaedt

El lugar

Times Square, Nueva York, justo al sur de la calle 45.

El momento

14 de agosto de 1945. En Japón (donde ya es día 15), el emperador Hirohito anuncia por la radio que acepta los términos de la Declaración de Postdam, lo que significa la rendición incondicional de Japón y el final de la II Guerra Mundial. Miles de personas se echan a la calle en Estados Unidos para celebrarlo, mayores, niños, civiles... y marineros y enfermeras.

Los fotógrafos

Una curiosidad de este beso es que el instante fue captado, no por uno, sino por dos fotógrafos: Victor Jorgensen y Alfred Eisenstaedt, siendo la imagen tomada por este último la más conocida (y con una composición mejor, a mi gusto, ya que los besantes aparecen de cuerpo completo).

Eisenstaedt, alemán de origen judío que emigró a los EEUU en 1935, tomaba imágenes del desfile, y según dijo, ya se había fijado en el marinero, que iba detrás de él. En una de estas vió una mancha blanca a su lado, se dió la vuelta y disparó cuatro veces su Leica M3 retratando el famoso beso. Una de estas fotos fue publicada 13 días después en la revista Life.

El teniente Jorgensen, fotógrafo de la Armada estadounidense, captó la misma escena desde otro ángulo, con un encuadre ligeramente distinto, y su fotografía fue publicada pocos días después en el New York Times. Como curiosidad, comentar que esta imagen, al ser tomada por un empleado del gobierno estadounidense en el desempeño de su trabajo, está libre de derechos y pertenece al dominio público.

Los protagonistas

Esa es la otra curiosidad de la imagen. Más de 20 hombres y varias mujeres han afirmado ser los protagonistas de la foto. En lo que todos coinciden es en que no conocían a su parternaire: el marinero pasaba por allí, vió a una guapa joven, y la besó. La enfermera fue abrazada por un marinero y se dejó besar. Ninguno de ellos volvió a saber del otro. Aunque la posición oficial de la revista Life es que ni se sabe ni puede asegurarse quienes son los besantes, esta se inclina por la opinión de que la protagonista femenina es Edith Cullen Shain, de 27 años por aquel entonces, e incluso publicó un artículo sobre ella en agosto de 1980, ilustrado con unas fotos suyas realizadas por el propio Eisenstaedt para la ocasión. Sobre la identidad del fogoso marinero (que, según Eisenstaedt, iba besando a toda fémina que se ponía al alcance) hay muchas más dudas, y Life ofrece un listado de los once nombres que considera posibles candidatos, y que llevan décadas afirmando ser el protagonista masculino de la historia.

Uno de ellos, George Mendonsa, visitó hace unos pocos años el Mitsubishi Electric Research Laboratories de Cambridge, donde digitalizaron su rostro y lo sometieron a algoritmos de "rejuvenecimiento". Los técnicos del laboratorio afirman que el resultado es idéntico al joven de la foto.

Por otro lado, el forense Lois Gibson de Houston, basándose en estudios fotográficos y de la estructura ósea, afirma estar convencido de que el marinero es Glenn McDuffie, quien ha llegado a someterse a detectores de mentiras para sostener su afirmación.

En los últimos años, un policía retirado, Carl Muscarello, ha ganado cierta notoriedad reclamando ser el protagonista, e incluso repitió la escena con Edith Shain 50 años después en una sesión fotográfica, y aparecieron juntos en un programa de televisión.

Y para no dejar fuera Internet, un tal Ken McNell ha montado una página web desde la que afirma ser el desconocido marinero.

Dado que ni Eisenstaedt ni Jorgensen anotaron los nombres de la pareja, lo cierto es que nunca se sabrá con seguridad de quienes se trataba. Pero en el fondo.... ¿que importa eso?


Desde el 2004 se conmemora el beso en Times Square, donde cada 14 de agosto, docenas de parejas, muchos de ellos ataviados con el típico gorrito de marinero, se besan alrededor de la estatua realizada por Seward Johnson que representa el momento inmortalizado por Eisenstaedt, e incluso Edith Shain ha estado presente alguna vez. La estatua, titulada "Unconditional surrender", se exhibe durante varios días en la calle donde se realizó la fotografía.

Para saber más

Alfred Eisenstaedt en la Wikipedia [en]. V-J Day in Times Square, artículo sobre las fotos en la Wikipedia [en]. Especial sobre el beso en la web de Life [en] En allposters.com tienen a la venta los posters de la foto, tanto la de Jorgensen como la de Eisenstaedt, así como una camiseta para chica con esta última.

I was running ahead of him with my Leica looking back over my shoulder... Then suddenly, in a flash, I saw something white being grabbed. I turned around and clicked the moment the sailor kissed the nurse.

Alfred Eisenstaedt

Todos guardamos en la memoria algún beso que recordamos con especial cariño. En el caso de la fotografía, dos son esos besos que han permanecido fijos a lo largo del tiempo: el Beso de despedida de la Guerra, de Alfred Eisenstaedt y Victor Jorgensen (dos autores, dos fotos, un beso), y el Beso en el Hotel de Ville, de Doisneau, del que escribimos hoy.

Una pareja se besa apasionadamente, mientras varios peatones pasan alrededorEl beso más famoso de los varios que retrató Doisneau en las calles de París fue tomado (y dado) en la terraza del Hotel de Ville, el 1 de abril de 1950. Una anónima pareja se besa apasionadamente ante la pasividad de los paseantes que les rodean, y son inmortalizados por la Rolleiflex de uno de los fotógrafos más conocidos de la Francia de la época, que estaba trabajando en un encargo de la revista Life sobre amantes parisinos.

Durante muchos años se consideró esta imagen como una preciosa muestra de lo espontáneo del amor, y todo un icono del romántico París. Hasta que a finales de los 80, Jean-Louis y Denise Lavergne vieron la foto y pensaron que eran los protagonistas de la misma: estuvieron en esa misma calle ese mismo día, y con ropas muy parecidas. Así lo dijeron públicamente, e incluso fueron filmados para un documental sobre Doisneau. Hasta que se les ocurrió pensar que con el romanticismo de la historia no era suficiente, y decidieron ir a juicio para recibir parte de los derechos de autor de la imagen, que afirmaban había sido "robada" por el fotógrafo.

Muy convencidos deberían estar, porque en 1992 se supo que la anónima pareja no era tan anónima, aunque sí que era pareja: Françoise Bornet y su novio por aquel entonces, Jacques Carteaud, estudiantes de teatro en una escuela cercana a donde fue tomada la foto, fueron "reclutados" por Doisneau en el mismo café desde el que se tomó la famosa imagen para que posaran besándose, supuestamente repitiendo una escena que el fotógrafo había visto anteriormente. La pareja fue fotografiada también en distintos lugares de la ciudad, durante casi medio día. La prueba de esta afirmación era irrefutable: una impresión original, firmada por Doisneau, que el fotógrafo regaló a la señorita Bornet pocos días después de realizada la foto. Fotógrafo y modelos habían guardado el secreto durante cuatro décadas, hasta que lo revelaron en el juicio iniciado por los Lavergne.

El romance entre Bornet y Carteaud apenas duró unos cuantos meses, pero su beso sigue siendo todo un símbolo del amor romántico y de París, especialmente desde que a finales de los 80 Rapho (la agencia para la que trabajó Doisneau y que posee los derechos de la imagen), la lanzara como poster y vendiera en unos pocos años más de medio millón de copias, el cual aún sigue decorando miles de habitaciones adolescentes (bueno, suponiendo que los adolescentes aún sigan colgando posters en sus habitaciones). El original propiedad de Françoise Bornet fue subastado en abril de 2005, alcanzando la nada despreciable suma de 155.000 euros, pagados por un coleccionista suizo anónimo, con los que la ya septuagenaria dama pensaba financiar una productora de documentales. Jacques Carteaud, el mozo protagonista, que fue viticultor, falleció hace algunos años. La imagen, aparte de aparecer en millones de objetos de merchandaising, ha inspirado incluso una obra de teatro y fue la imagen que ilustró la campaña con la que París se postuló por los Juegos Olímpicos de 2012.

¿Que la foto estuviese preparada le quita mérito...? Una pareja besándose apasionadamente en medio de la calle, detenido el tiempo, impasibles ante un mundo que fluye a su alrededor, asimismo impasible.... No, no creo que le quite ningún mérito. Es una magnífica fotografía, tanto en técnica como en composición, la bufanda saliendo del abrigo, la postura de los amantes, completamente perdidos en su mundo, las manos, los viandantes borrosos o recortados...

Y es que un beso, aunque sea preparado, no deja de ser un beso.

Para saber más

Noticia sobre la subasta de la foto. The Kiss, un extenso artículo del Kinsey Institute sobre el beso, en el que cuenta parte de la historia de la foto. [en] Mucho más que un beso, artículo en El País sobre Doisneau. El poster, en allposters.es

I would have never dared to photograph people like that. Lovers kissing in the street, those couples are rarely legitimate.

Robert Doisneau

un cirujano sostiene la mano de un feto, que sobresale de un útero durante una operaciónSi siguen la serie del médico con bastón y mala leche, posiblemente les suene esta foto que "homenajearon" en un reciente espisodio de House. Es una imagen muy conocida, que seguramente les habrá llegado más de una vez en algún "poguerpoint", o en alguna carta cadena de esas que si reenvía a quince personas les resuelve la vida. Lo que no es tan conocido es la controversia que hay detrás de la misma, y en la que, si bien no se cuestiona la autenticidad de la imagen, sí que se interpreta de muy distinta manera lo que se ve en ella.

La fotografía, parte de una serie realizada con una Canon 1N, fue tomada el 19 de agosto de 1999, durante una compleja operación mediante la cual se corrije la espina bífida de un feto en el mismo útero materno. En la misma se ve como asoma la mano del feto, que es sostenida por uno de los dedos del cirujano, el Doctor Joseph Bruner. La fotografía fue tomada por Michel Clancy, reportero freelance, durante una de las operaciones llevadas a cabo por el doctor Bruner y su equipo de la Universidad de Vanderblit, en Nashville, Estados Unidos.

La operación es enormemente compleja, y aunque ya se había realizado otras 53 veces antes de la fotografiada, esa operación en concreto tenía el interés añadido de que el feto tan sólo tenía 21 semanas, el más joven operado hasta esa fecha (ignoro si se ha realizado con algún feto aún más joven a día de hoy). La operación fue un éxito y el pequeño Samuel nació el 2 de diciembre de 1999. La fotografía fue publicada por primera vez el 7 de septiembre en el USA Today y The Tennessean Newspaper, y poco después, en el número de septiembre-octubre de 1999 de la revista francesa VSD

Hasta ahí la historia de la fotografía tal cual. Sin embargo, desde antes de su publicación (y sobre todo, después), la imagen suscitó bastante controversia. Para empezar, cómo llegó a publicarse: después de aparecer en los dos periódicos estadounidenses, y extrañado por no recibir ningún comentario de la gente de Vanderblit, Clancy les llamó y supo que una foto exactamente igual había sido hecha un mes antes por el fotógrafo Max Aguilera, con el mismo equipo de cirujanos, y eso sí, a un feto algo mayor: Sarah Switzer, de 24 semanas. La foto estaba destinada nada menos que a ser portada del número de diciembre de 1999 (el 'Millenium Isuue') de la revista Life. La publicación de la foto de Clancy causó un cierto revuelo, y puesto en contacto con Life a través de un agente, el fotógrafo recibió una oferta de compra de su imagen. Pero no para publicarla, sino para "matarla". Es decir, adquirir todos sus derechos para que jamás volviese a publicarse, y salir con la portada que tenían prevista. Después de duras negociaciones, no se llegó a un acuerdo y Clancy inició una carrera para publicar su foto antes de que la revista publicase la suya. A finales de septiembre, la revista francesa VSD dedicaba cuatro páginas al reportaje de Clancy, y para mediados de noviembre, la imagen ya había sido publicada en las principales revistas y periódicos europeos. Life publicó otra portada.

La segunda parte del culebrón empezó en enero de 2000, con una entrevista al doctor Bruner en el Tennessean Newspaper. La imagen ya había recorrido medio mundo y estaba siendo ampliamente usada por grupos antiabortistas en sus campañas, a cuento de que un feto de 21 semanas ya presentaba voluntad suficiente como para agarrarse a un dedo. En la entrevista, el doctor Bruner afirmaba que la foto era un posado, y que realmente la mano de Samuel no había salido del útero y se había cogido a su dedo, sino que él la estaba sosteniendo. Su argumento era bastante convincente: tanto Julie, la madre, como el feto, estaban anestesiados, y no podían realizar ningún movimiento.

Clancy, por supuesto, niega que todo fuese preparado, y afirma que estaba distraído hablando con una enfermera cuando vío "la foto", e hizo la serie tan rápido como el motor de su cámara le permitía....

A un servidor, personalmente, le parece más curiosa la tramoya que hay detrás de la publicación de una foto, que la polémica sobre si era un posado o no, por mucha relevancia que algunos grupos quieran darle a que un feto de 21 semanas pueda o no cerrar la mano sobre un dedo.

Y el mero hecho de abrir el útero de una mujer embarazada, retirar el líquido amniótico, operar de la columna a un feto de sólo 21 semanas, y luego volver a ponerlo todo en su sitio, ya me parece tan asombroso que el resto de la historia es prácticamente un adorno. Pero no deja de ser un adorno curioso, así que por eso se lo cuento ;)

(y ya saben, nada de reenviar cadenas de correo. Casi todas son falsas)

Para saber más

La historia de la foto en la web de Michel Clancy, según su versión [en]. Comentario de la foto en Snopes, una web dedicada a investigar leyendas urbanas [en]. Revisión del capítulo de House en Polite Dissident, desde un punto de vista médico (la foto la mencionan por encima, pero las revisiones médicas de los capítulos son de lo más interesantes) [en].

Varios niños con quemaduras corren por una carretera huyendo de una aldea humeante. En el centro destaca una niña desnuda, gritando de dolor¿Puede una foto acabar con una guerra? Seguramente no. Pero muchas fotos pueden llegar a cambiar la percepción que "el público" tiene de esa guerra. Y cuando la población de un país deja de apoyar una guerra y empieza a verlo como algo perverso, entonces el fin de esa guerra está mucho más cerca.

Esa es una lección muy bien aprendida por los Estados Unidos después de la Guerra del Vietnam, una de las más fotografiadas de la historia, y por ello los últimos conflictos en los que han participado fuerzas estadounidenses (y de otros países que han copiado esta política) gozan en las noticias de una aséptica estética de videojuego producto de un cuidadoso filtrado de la información gráfica que se deja salir (¿recuerda usted alguna imagen de algún soldado de "la coalición" herido o muerto en Iraq o Afghanistán?). Claro que peor son otros conflictos, en los que nisiquera hay periodistas, y que por tanto, simplemente no existen. Pero eso son otras historias, que deberán ser contadas en otra ocasión...

De las docenas de miles de fotos de la guerra del Vietnam, sin duda la que más impactó las conciencias de Occidente, marcó un hito en el rechazo social a la guerra, cambió la forma de ver lo que sucedía en Vietnam y se convirtió por derecho propio en un símbolo e icono del siglo XX, fue la famosa foto de "la niña de Vietnam". La niña, de nueve años, se llamaba Phan Thi Kim Phuc, y el fotógrafo, de veinte, Huynh Cong Ut (más conocido como Nick Ut).

A principios de junio de 1972, las tropas del Vietnam del Norte mantenían violentos combates en los alrededores de la carretera 1, que desde Saigon se dirije hacia Camboya. El 8 de junio de 1972, los combates entre las tropas de Vietnam del Norte y del Sur se centraban en la aldea de Trang Bang, a unos 40 Km de Saigón, que sufría ya tres días de lucha.

Varios fotógrafos, así como cientos de refugiados, se encontraban en las afueras de la aldea cuando, cerca de la una de la tarde, dos Skyraider de la aviación surcoreana bombardearon con napalm y fósforo blanco la aldea. Un grupo formado por civiles y soldados sudvietnamitas abandonó el templo de la aldea y corrió hacia el grupo de refugiados y periodistas. Uno de los pilotos, confundiéndoles con tropas norvietnamitas, se desvió de su objetivo y les atacó.

Entre el humo y las llamas, grupos de civiles con terribles quemaduras siguieron corriendo por la carretera principal, hacia los fotógrafos y las tropas del sur. Entre ellos, La fotografía: una mujer mayor que gritaba pidiendo auxilio, con un bebé en sus brazos, ya muerto por las quemaduras. La mayoría de los fotógrafos vació sus carretes en esa impresionante imagen, incluyendo a Nick Ut, que usó una de sus Leicas y una Nikon. Es muy habitual que los fotoreporteros lleven varias cámaras, lo que les ahorra los valiosos segundos que se tardan en cambiar de óptica o, por aquel entonces, en rebobinar o cambiar el carrete. Y eso fue exactamente lo que pasó.

Cuando todos estaban rebobinando y cambiando los carretes de sus cámaras, Nick oyó a una niña que corría hacia ellos, sin su ropa, que había ardido, completamente cubierta de quemaduras y gritando "Nong qua, nong qua" ("muy caliente, muy caliente"). Nick Ut llevaba cuatro cámaras. Y su Leica M2, aún cargada con película Kodak 400, les hizo entrar en la historia de la fotografía.

La niña pasó junto a ellos, y cuando se detuvo, Nick Ut y otro periodista, Christopher Wain, le dieron agua y la cubrieron con un poncho. Ut cargó en el minibus que le había llevado hasta allí a la niña, sus hermanos (uno de los cuales es el niño que aparece en primer plano en la foto), y su tía, y los llevó hasta el hospital de Cu Chi, donde la niña llegó ya inconsciente. Nick Ut no la dejó hasta que contó a los ya agobiados y saturados médicos la historia y se aseguró de que empezaban a tratarla.

Al volver a las oficinas de AP (la agencia para la que Ut trabajaba) en Saigon, un asistente reveló los ocho carretes (más de 200 fotos) que Nick Ut había tomado ese día, y seleccionaron varias para enviarlas, vía radio, a las oficinas centrales de la agencia, pero un editor rechazó la foto de la niña por mostrar un desnudo frontal, lo que iba contra las políticas de la agencia. No obstante, el jefe de la oficina vió la foto y convenció al director de la oficina de Nueva York del valor de la imagen.

La imagen fue enviada y al día siguiente fue portada en diarios de todo el mundo. Fue Foto del Año del World Press Photo de 1972, y en 1973, recibió el Pulitzer. También ha recibido otros importantes premios de fotoperiodismo.

El negativo original (algo rayado) se conserva junto a otros once de ese día en los archivos de AP.

Es curioso, y destacable, que en el "incidente Trang Bang" no hubo ningún estadounidense implicado, aparte de algunos de los reporteros. Todas las tropas combatientes, los civiles, la aviación, e incluso toda la cadena de mando a cargo de la operación, era completamente vietnamita, aunque en la imaginería popular se ha asentado la idea de que fue la aviación estadounidense la que bombardeó la aldea, o que fue un oficial estadounidense el que ordenó el bombardeo. Algo a lo que ayudó la "confesión" en 1996 del capitán del ejército estadounidense John Plummer, que primeró afirmó haber participado en el bombardeo, y luego haberlo ordenado. Ambas afirmaciones resultaron ser falsas, ya que Plummer, aunque efectivamente fué asesor militar en Vietnam, nunca coordinó operaciones aéreas con la aviación o el ejército sudvietnamita, algo para lo que no tenía autoridad.

La niña

Kim Phuc, que por aquel entonces contaba nueve años, permaneció hospitalizada bajo los cuidados del doctor Mark Gorney, cirujano plástico de San Francisco que trabajaba de voluntario en Saigon. 14 meses, durante los cuales fue sometida a 17 operaciones y dolorosos tratamientos, después de los cuales volvió a su aldea y empezó los estudios de medicina. Desde 1982, su imagen y persona fueron ampliamente utilizadas para la propaganda del régimen comunista vietnamita. Fué tratada de sus quemaduras en Alemania, en un tratamiento costeado por la revista Stern, y años después viajó a Cuba, donde permaneció seis años estudiando español y farmacia, y donde conoció a su marido, también vietnamita. En 1992 se casaron y viajaron a Moscú en su viaje de bodas. A la vuelta del viaje, durante una escala en Canadá, desertaron y fueron acogidos en el país, donde vive aún hoy en día con su esposo Bui Huy Toan y sus dos hijos, Thomas y Stephen. A finales de los 90 sus padres se reunieron con ella, aunque uno de sus hermanos y otros familiares aún permanecen en Trang Bang.

En noviembre de 1997, fué nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.

También en 1997, creó la Kim Foundation en Chicago, que más tarde abrió una delegación en Canadá, una fundación dedicada a proporcionar ayuda médica y psicológica a niños afectados por conflictos bélicos.

El fotógrafo

Huynh Cong Ut comenzó a trabajar para Asocciated Press a los 14 años, pocas semanas después de que su hermano, también fotógrafo de AP, muriese en un bombardeo. Con lo que aprendió de su hermano, y su formación autodidacta, cubrió las guerras de Camboya y Vietnam, en las que fué herido tres veces. En abril de 1975 fue evacuado de Vietnam hacia Filipinas, y posteriormente pasó por Tokio, Hanoi, y California, donde vive actualmente, nacionalizado estadounidense, y sigue trabajando para Associated Press.

Durante la guerra Nick Ut visitó varias veces a Kim Phuc en Trang Bang, y después de la guerra no se vieron hasta que volvieron a encontrarse en 1989 en Cuba. Han vuelto a reunirse en varias ocasiones desde entonces, incluyendo un encuentro con la Reina de la Inglaterra en la inauguración de la exposición "Making the Modern World" del London Science Museum, en la que se exhibió la cámara usada para tomar la famosa foto. En 2000 volvió a Trang Bang, donde se encontró con Phan Thanh Tam, el hermano de Kim Phuc que también aparece en la foto.

(Por cierto, hoy, 29 de marzo, es su 55 cumpleaños. Chúc mừng sinh nhật Nick Ut).

Para saber más

The Survivor, un excelente y amplísimo artículo sobre la fotografía y sus protagonistas en Digital Journalist, que no debería perderse (aunque esté en un perfecto inglés) y que cuenta con mucho más detalle esta historia, profusamente ilustrada con otras fotos de ese día y de los meses y años siguientes. Ha sido la principal fuente de este post.
"¡Dios mío, no quiero que muera!", entrevista con Nick Ut en BBC Mundo.
RTVE ha publicado en Internet un excelente documental sobre esta foto.
La niña de la foto, entrevista con Kim Phuc en BBC Mundo.
Fundación Kim Phuc.
The Girl in the Picture, de Denise Chong, la historia de la niña de la foto.
Artículo sobre Kim Phuc en Peace.ca
Kim Phuc en la Wikipedia [en]
Huynh Cong Ut en la Wikipedia [en]
Entrevista a Kim Phuc en la web de la UNESCO.
Algunas notas sobre la (no) intervención estadounidense en el bombardeo.

Quiero que cuando la gente vea esa foto entienda que no quiero más guerras en el mundo. Hay que acabar con las guerras. No debe haber más fotos de quemaduras de napalm. No sólo hablo de la guerra de Vietnam. No debe haber ninguna guerra.

Huynh Cong 'Nick' Ut

Neatorama ha publicado una muy interesante selección de fotografías que cambiaron el mundo, que viene muy bien para empezar el año. Como en toda selección, mucha gente pensará que faltan algunas fotos, o que sobra alguna, a mí personalmente me parece una muy buena muestra. Todas tienen un breve comentario (en inglés) que las pone en contexto, y un subtítulo que de alguna manera explica por que fueron seleccionadas.

Algunas de las fotos no las conocía, y con varias de ellas espero explayarme por aquí algún día ;)


(vía Digital Photography School)

Once obreros almuerzan sobre una viga colgada del vacío, en los años 30 en Nueva YorkEsta famosísima foto, todo un clásico de los posters, fue tomada el 29 de septiembre de 1932 por Charles C. Ebbets. Y no pertenece, como muchos piensan, a la construcción del Empire State, sino al RCA Building (hoy General Electrics Building). Muestra a 11 obreros (al parecer, indios Mohawk, canadienses e irlandeses), almorzando sobre una viga en el piso 69 de los 71 que finalmente alcanzó el edificio, con el vacío bajo sus pies. Estos mismos obreros aparecen en otra imagen sobre la misma viga, Resting on a Girder, esta vez tumbados echándose una siesta, así como en otas dos imágenes tomadas el mismo día.

A pesar de que Ebbets fue nombrado Director de Fotografía del edificio ese año, y que la imagen fue publicada poco después en el New York Herald Tribune, no fue hasta octubre de 2003 que se le reconoció oficialmente la autoría de la foto, durante una reclasificación del Archivo Bettman, al que pertenece la imagen. Algo no tan extraño si se piensa que en los años 30 era habitual que las fotos aparecieran sin firmar.

Como curiosidad, comentar que el Archivo Bettmann, una de las colecciones fotográficas más importantes (con 11 millones de imágenes), fue adquirido en 1995 por Corbis, una compañía de stock-photo fundada por Bill Gates. Así que técnicamente, esta imagen pertenece al amigo Bill ;)

Fue precisamente Corbis quien relanzó masivamente esta imagen (entre otras) desde aproximadamente 1998, convirtiéndola en el clásico que es hoy día. Desgraciadamente, Ebbets murió en en 1978, por lo que no llegó a conocer el éxito de su foto (aunque sí que tuvo cierta fama en su época, con importantes trabajos y varios cientos de fotografías publicadas).

También fue Corbis la que en 2003, con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Otto Bettmann (que, como el lector atento habrá deducido, fue el creador del Archivo Bettmann), se lanzó a la búsqueda de muchos de los autores y protagonistas de las fotos de su Archivo, entre ellas, la que hoy nos ocupa, que además había sido seleccionada como portada de un libro conmemorativo.
Aproximadamente en 2000, Tami Ebberts, la hija más joven de Ebberts, vió un poster de la foto que le recordó una imagen que había visto en su infancia. Revolviendo durante tres días en viejas cajas en casa de su madre consiguió encontrar una copia del artículo del New York Herald de 1932, y más tarde, localizó la factura del trabajo de su padre (1.50$ la hora), un negativo de cristal que mostraba a Ebbets en una viga del rascacielos con su cámara, y un artículo de un periódico neoyorkino que hablaba del "intrépido fotógrafo, que arriesgaba su cuello en una viga de 6 pulgadas a 69 pisos del suelo".

En 2003, la viuda de Charles, Joyce Ebbets, leyó un anuncio sobre el centésimo aniversario del archivo Bettman. Una de las fotos que ilustraba el artículo era la de su difunto esposo en la viga. Respondiendo a la invitación del anuncio, contactaron con Corbis y esta contrató a un investigador privado que durante varias semanas estudió toda la documentación que poseía la familia. Finalmente, en octubre de 2003 se celebró una ceremonia en la que se reconoció la autoría de Ebbets de unas 21 fotos del Archivo. La ceremonia tuvo lugar en el restaurante Rainbow Room, del EG Building, cuyas vistas son muy similares a las que aparecen en la famosa foto.

Para saber más

Biografía de Ebbets, con mención especial a la foto [en] Un foro en el que se habla sobre la imagen, con la participación nada menos que de la hija del autor [en] (nota para tecnofrikis: el foro está en Joel on Software!) Ebbets Photo-Graphics, web sobre la vida y obra del autor. La fotografía que aparece al abrir la página en Flash muestra a Ebbets sobre una viga con su cámara, el día que se tomó la famosa foto. Y como no, el famoso poster en Allposters.es

Ojo, que el aviso del título va completamente en serio. La imagen escogida como icono para hoy no es nada agradable: el premio Pulitzer de fotografía de 1994. La fotografía de un buitre esperando la muerte de una niña durante la hambruna de Sudán.

Luego no diga que no le avisé...


Una niña famélica descansa en el suelo, con la cabeza en sus manos. Detrás, un buitre esperaDarfur, sur de Sudán. Marzo de 1993. El fotógrafo sudafricano Kevin Carter visita la región para hacer un reportaje sobre el movimiento rebelde en la región. Sin embargo, al llegar y encontrarse con los horrores del Hambre, comienza a retratar a sus víctimas. En la aldea de Ayod se encuentra con una niña de unos 4 o 5 años, que va de camino a un centro de refugiados. Carter toma varias fotos, y al retirarse, observa como la niña se para a descansar, y un buitre se para a su lado. Esperando. Según cuenta el propio Carter, después de tomar varias fotos y esperar durante veinte minutos (por si el buitre desplegaba sus alas, aumentando así el dramatismo de la imagen), ahuyentó al buitre y cuando la niña siguió su caminio se alejó del lugar, se sentó debajo de un árbol y se echó a llorar.

El 23 de marzo la foto apareció publicada en el New York Times, levantando una oleada de preocupación por la suerte de la niña. Tan sólo se sabe, según publicó el NYT, que la niña siguió caminando tras alejarse el buitre. No se sabe si llegó al centro de distribución de alimentos, a apenas cien metros. A los periodistas se les dijo expresamente que evitaran todo contacto con los refugiados, por el riesgo de enfermedad.

Esta es una de las fotos más brutales que jamás se ha publicado, y levanta emociones aún mucho más intensas que la de la famosa niña quemada en Vietnam, o las imágenes de cadáveres de niños tras los bombardeos que la mayoría de medios se niega a publicar. La sensación de desesperanza y de impotencia es tan inmensa que no deja indiferente a nadie, aún cuando a estas alturas ya estamos más que vacunados contra imágenes impactantes.

Es, también, una de las fotos más polémicas, y sobre la que más se ha hablado. En cualquier debate sobre la ética o la implicación del fotoperiodista en las acciones que cubre, sale como ejemplo. Cientos de artículos se han escrito sobre la misma.

La biografía del autor, Kevin Carter, es un elemento importante a tener en cuenta: nacido en Sudáfrica en 1960, a los 23 años empezó a trabajar como fotógrafo deportivo en periódico local (antes, durante su adolescencia, ya había recibido alguna paliza por ser un blanco que se oponía al apartheid). Un año después, cuando estallaron las revueltas raciales de 1984, cambió de periódico y empezó a documentar las brutalidades del apartheid. Pronto, el y sus colegas del Bang Bang Club (Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva, todos ellos blancos) se hicieron un hueco en la historia del fotoperiodismo por su cobertura, con gran riesgo de sus vidas, de la violencia de los disturbios urbanos en el país, algo que hasta ese momento tan sólo algunos fotógrafos negros habían osado reflejar. La brutalidad de las imágenes de pesadilla que vivieron y de las revueltas es difícil de describir, y sus fotografías fueron más difundidas en el extranjero que en la propia Sudáfrica, donde eran objeto de censura y en varias ocasiones fueron detenidos.

Fue acompañado de Joao Silva como Carter llegó a Sudán. Según Silva, después de tomar la imagen, Carter cayó en una depresión y repetía que quería abrazar a su hija, de corta edad por aquel entonces. Durante los meses siguiente comentó en varias ocasiones a sus allegados que se arrepentía profundamente de no haber hecho nada por la niña.

En mayo de 1994, catorce meses después de realizar la foto, Kevin Carter recogía en Nueva York el Pulitzer de fotografía de ese año, y llegaba a un acuerdo con Sygma, una de las agencias de fotografía más importantes del mundo. Dos meses después, aparcaba su furgoneta cerca del río donde jugaba de niño, enchufaba una manguera al tubo de escape y se suicidaba a los 33 años. Una década de contemplar la brutalidad a la que puede llegar el hombre, varios trabajos fallidos y sobre todo, la muerte en abril de Oosterbroek, su mejor amigo, durante unos disturbios que él mismo había fotografiado poco antes (y en los que también fue herido Marinovich), acabaron por pasarle factura.

Desde luego, yo, cómodamente sentado frente a las 19" del monitor de mi ordenador, y que vivo en una situación sin lujos, pero en la que nunca me ha faltado un plato de comida que llevarme a la boca (toco madera), no puedo pretender ni de lejos meterme en la piel de Kevin Carter y nisiquiera puedo tener la osadía de intentar pensar que hubiera hecho yo en su situación. Para eso tendría que haber vivido su vida, y haber estado en Sudán ese día. Lo único que puedo afirmar es que esta fotografía ha removido millones de conciencias, que es algo que no se puede decir de muchas cosas, y que por terrible que sea, es una imagen indispensable para definir el mundo en que vivimos.

En cualquier caso, lo realmente terrible de esta imagen no es las circunstancias en que fue tomada, o si el fotógrafo hizo o dejó de hacer algo. Lo realmente terrible es que la foto es de 1993. Y hoy, trece años después, once millones de niños mueren cada año antes de cumplir los cinco años. Desde que usted empezó a leer este artículo, habrán muerto unos 200 niños. Sólo que ahora no hay ningún Kevin Carter para abofetear nuestras conciencias.

Una nota semioptimista: según cifras de la ONU sobre Darfur, actualmente la desnutrición en niños menores de cinco años es de un 13,9%, frente al 21,8% de 2004. Y el 72% de la población tiene acceso al agua potable, mientras que el año pasado tan sólo el 63% disponía de ese "lujo". Es un dato esperanzador, sobre todo teniendo en cuenta que a pesar de un frágil alto el fuego, la región ha sufrido un genocidio (ignorado, cuando no promovido, por el propio gobierno sudanés), que ha provocado más de 300.000 muertes y un millón y medio de desplazados desde 2003.

Un documental sobre el fotógrafo y la foto, The Death of Kevin Carter: Casualty of the Bang Bang Club, fue nominado a los Oscars en 2006.

Los dos fotógrafos supervivientes del Bang Bang Club publicaron en 2000 The Bang-Bang Club: Snapshots from a Hidden War, un libro sobre sus experiencias (Grijalbo lo publicó en español en 2002, pero no lo he encontrado en la web).

Para saber más

El niño, el buitre y el cerdo, una reflexión sobre esta imagen (y otras dos) del escritor y ex vicepresidente de Nicaragua Sergio Ramírez.
Necesitamos más historias y más fotos [en]. Discurso de Jan Pronk, representante especial de las Naciones Unidas para Sudán, en el 50 aniversario del World Press Photo.
Entrada sobre Kevin Carter en la Wikipedia [en].
The life and death of Kevin Carter, artículo de la revista Time [en].
Nota sobre The Bang-Bang Club en DigitalFilmMaker.net [en]. Incluye un fragmento del primer capítulo, así como varias fotos del grupo.
The Ultimate in Unfair [en], una breve colección de artículos y comentarios sobre la foto, el fotógrafo, y el tema.
El suicida del Club Bang Bang (Kevin Carter). Artículo en el blog Suicidiario del suicidio y suicidas, con algunos enlaces de interés.

Ambition and a search for glamour and excitement were clearly part of Carter's makeup. But to go into that kind of danger over and over again requires a strong sense of mission or idealism.

Scott MacLeod, jefe de la oficina de Johannesburgo de la revista Time

un grupo de marines izan la bandera estadounidense en Iwo-Jima El reciente fallecimiento de Joe Rosenthal era un buen motivo para rescatar de la nevera una historia que quería escribir sobre su foto más famosa, y una de las más conocidas de la Segunda Guerra Mundial, la del grupo de marines izando la bandera de Estados Unidos en la isla de Iwo Jima.

Bueno, pues la gente de Microsiervos se me adelantado, y dado que su prosa es bastante mejor que la mía, historia que me ahorro :)


Historia de la fotografía en la Wikipedia

retrato de Ernesto Che Guevara Piense en tres fotografías que, en su opinión, resuman el siglo XX. Es muy probable que una de esas imágenes sea la ya inmortal instantánea que Alberto Korda tomó el 5 de marzo de 1960 al Che Guevara, y que se ha convertido en todo un icono de la cultura popular.

El Che pasó por delante de la cámara de algunos de los mejores fotógrafos de su época, como Elliot Erwitt o el mismísimo Cartier-Bresson, pero su imagen más conocida fue tomada por Alberto Díaz Gutiérrez, más conocido como Korda. Un fotógrafo que por esas fechas no era conocido fuera de Cuba, pero que era considerado un importante fotógrafo de moda antes de la revolución, y había conseguido la Palma de Plata al Mejor Fotorreportero del Año, concedida por el periódico Revolución.

Precisamente fue un encargo para este periódico, con el que colaboraba habitualmente, el que le llevó al Cementerio Colón el 5 de marzo de 1960. El día anterior, el buque francés La Coubre, cargado con 70 toneladas de municiones, había saltado por los aires en los muelles de La Habana, posiblemente debido a un sabotaje, acabando con la vida de 136 personas. Al funeral acudirían Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, y Korda, por aquel entonces fotógrafo personal de Fidel Castro, tenía el encargo de conseguir sus fotos. Allí estaba Korda, en la esquina de las calles 12 y 23, frente a la tribuna principal, cuando el Che Guevera, que estaba en un discreto segundo plano, se adelanta y permanece durante unos segundos en primera fila, tiempo suficiente para que Korda apuntase el 90 mm de su Leica, cargada con película Kodak Plus-X Pan, e hiciese dos tomas del comandante. "La expresión de sus ojos fue tan fuerte que me turba unos instantes, me muevo, me tambaleo, pero inmediatamente oprimo el obturador y tomo dos fotos. Acto seguido la figura desaparece de nuevo por el fondo. No fue concebida, fue intuida", diría años después. "Encabronado y dolente", diría también de la expresión del Che.

Pero el encargo era Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, y fueron sus fotos, de ese mismo carrete, las que se publicaron al día siguiente en Revolución, junto a las de Fidel Castro, que aquel día pronunciaría por primera vez su "Patria o muerte". No obstante, Korda vió las fotos del Che en la hoja de contactos y le gustaron. Reencuadró una de ellas, eliminando al desconocido personaje de la derecha, y las hojas de palmera de la izquierda, y realizó una copia que colgó en su estudio.

Aunque se hicieron varias copias para gente que vió la foto colgada en su pared, esta no sería publicada hasta el 15 de abril de 1961, cuando se usó para anunciar una conferencia que el Dr. Guevara pensaba dar al día siguiente. Un ligero contratiempo (la invasión de Bahía Cochinos) retrasó la conferencia hasta el 30 de abril, por lo que la foto volvió a ser publicada en el mismo anuncio el 28 de abril.

En julio de 1967, pocas semanas antes de la captura y asesinato del Che, la revista francesa Paris Match publicó un artículo sobre la guerrilla en latinoamerica, donde aparecía, por primera vez fuera de Cuba, la famosa imagen tomada por Korda.

Sería poco después cuando la imagen se convertiría en legendaria, coincidiendo con la captura y muerte del Che en Bolivia. Por esas fechas, la editorial Feltrinelli publica y distribuye miles de posters de 1 metro x 70 cm con la imagen del Che, y al año siguiente, publica los Diarios del Che con la ya mítica foto en la portada. Se sabe con seguridad que Gian-Giacomo Feltrinelli, ferviente comunista y conocido editor especializado en libros revolucionarios, visitó a Kolda en su estudio en 1967, con la intención de pedirle alguna foto de las más de 500 que éste tenía sobre el Che. Vió la foto en la pared de su estudio y Kolda le regaló dos copias. Sobre lo que ocurrió después hay dos versiones completamente distintas:

Kolda y sus allegados estuvieron convencidos de que Feltrinelli aprovechó la muerte del Che para imprimir y vender millones de posters con la foto, sin nisiquiera citar al autor. Se dice que llegó a vender un millón de ejemplares en tan sólo seis meses, de los que Kolda no vería un céntimo.

La familia de Feltrinelli, sin embargo, asegura que la distribución del poster, del que se imprimieron cientos de miles de ejemplares, comenzó antes de su muerte, y de forma gratuita, con la idea de darlo a conocer internacionalmente y, eventualmente, intentar crear presión popular para protegerlo cuando fuera capturado, algo que parecía inevitable. Feltrinelli era un hombre muy bien situado económicamente, y no necesitaría de la venta de estos posters para amasar su fortuna (de hecho, los ingresos por las ventas del diario del Che fueron donadas a los "movimientos revolucionarios de Latinoamérica"). La versión de Feltrinelli no se llegó a conocer, pues murió en 1972 en extrañas circunstancias, presuntamente relacionadas con su activismo en la extrema izquierda, sin que volviese a comunicarse con Korda.

Lo que sí es cierto es que la foto de Korda se convirtió en un símbolo para las masas de izquierda, apareciendo en manifestaciones, posters, camisetas, portadas de libros y discos, chapas..., y difundiendo la imagen del Che como héroe revolucionario en contraposición a las fotos que una vez muerto difundiese la CIA (y de las que espero escribir algo también algún día de estos). A la muerte de Guevara, se publica en Cuba otro poster basado en la foto de Korda, a una sóla tinta y sobre papel rojo (al parecer, el único disponible en el taller de impresión en aquel momento). También es cierto que Alberto Korda no recibió jamás un céntimo en concepto de derechos de autor, y aparte de sus insinuaciones sobre el enriquecimiento de Feltrinelli, nunca los pidió (y la verdad es que, aunque lo hubiera intentado, el que Cuba no firmase la convención de Berna hasta 1997 se lo habría puesto muy difícil...).

Uno de los principales culpables de la transformación del Guerrillero Heroico en un símbolo de la cultura pop fue el irlandés Jim Fitzpatrick, quien también poco después de la muerte del Che, creó un poster basado en la fotografía, encuadrando tan sólo el busto, realizado en alto contraste (silueteando la imagen en negro sobre fondo blanco), y variando ligeramente la dirección de la mirada para darle un aire aún más mítico y épico a la imagen. Algo más tarde, el mismísimo Andy Warhol se basaría en este poster para una de sus obras. Todas las imágenes creadas por Fitzpatrick fueron realizadas libres de derechos de autor, lo cual contribuyó a su rápida difusión, no siempre exenta de problemas: según cuenta el autor, su distribuidor en España fue detenido por la policía secreta.

Parece ser que la copia en que se basó Fitzpatrick le llegó no a partir de las difundidas por Feltrinelli, sino a través de grupos anarquistas, que al parecer la obtuvieron a su vez de Sartre.

Aunque Korda no ganó nada por las inmensas ventas y repercusión de su imagen, sí que hizo valer sus derechos de autor en 2000, cuando la marca de vodka Smirnoff pretendió usar la imagen del Che en una campaña publicitaria. Korda afirmó que no se oponía a la reproducción por parte de quienes quisieran difundir su memoria y la causa de la justicia social, pero que se oponía categóricamente a la explotación de la imagen del Che para la promoción de productos como el alcohol, o cualquier otro uso que denigrase su reputación. Korda presentó una demanda, y llegó a un acuerdo extrajudicial por el que recibió 50.000 dólares (el día de su 72 cumpleaños), que donó al hospital de niños con cáncer de Cuba. "Si el Che estuviese vivo, habría hecho lo mismo", dijo.

Hoy en día, Guerrillero Heroico es considerada una de las fotografías más veces reproducida y una de las 100 más importantes en la historia de la fotografía. Ha transcendido su idea original, y se ha convertido tanto en un símbolo antisistema como en un icono de la moda pop, llevado por miles de jóvenes que no tienen ni idea de la historia que hay detrás del hombre cuya silueta llevan en su camisa o pegada en su bloc de notas.

Es también una de las pocas imágenes que ha merecido una exposición girando en torno a ella, una exposición que muestra algunas de las miles de variantes que ha tenido esta imagen (posters, películas, ropa, joyas, juguetes....) y que ya ha visitado el International Center of Photography de Nueva York y el Centro de la Imagen de Ciudad de México; y que del 7 de junio al 28 de agosto (de este año, 2006), podrá verse en el Victoria and Albert Museum de Londres. La web de la exposición en el Victoria and Albert incluye entre otras cosas un interesante y completísimo ensayo sobre esta fotografía, que recomiendo vivamente a cualquier persona interesada en la historia de esta imagen (está en inglés, eso sí).

Desgraciadamente, la historia reciente de la fotografía no es demasiado romántica, aunque ya traspasada la frontera del mito y del icono, poco daño se le puede hacer a la misma. En junio de 2003, Reporteros sin Fronteras usó la imagen de Korda en una campaña contra las detenciones de periodistas en Cuba. En la imagen se combina un famoso cartel de mayo del 68, que representa a un CRS blandiendo una porra y con un escudo en la otra mano, con la foto de Korda, que sustituye al rostro del policía. Diane Díaz López, hija y heredera de Korda, prohíbe ese uso de la imagen, y los tribunales franceses le dan la razón. Poco después, alegando que no se habían destruido todos los materiales de la campaña, presenta otra demanda exigiendo más de 1.100 millones de euros de multa, demanda que se cerraría con la condena a RSF a pagar 6.000 euros a la heredera del fotógrafo. No es el único asunto que ha enturbiado el romanticismo de la foto y su historia. En 2004, la empresa estadounidense Fashion Victim amenazó con una demanda a la también estadounidense Northern Sun Merchandising. Al parecer Fashion Victim compró en 2002 a los herederos de Korda los derechos sobre la imagen en Estados Unidos. Por su parte, Northern Sun Merchandising, una pequeña empresa de venta por correo, ha estado vendiendo posters y camisas con la imagen del Che desde hace más de veinticinco años. Por si la amenaza de demanda no fuese suficientemente en contra de los principios defendidos por Korda hasta su muerte, Fashion Victim confecciona la mayoría de sus prendas en sweatshops situados en Honduras, talleres textiles donde no existen derechos del trabajador y donde buena parte de la mano de obra es infantil.

Ignoro en qué habrá quedado la cosa, pero ciertamente, los herederos de Alberto Korda están haciendo un flaco favor a su memoria.

Alberto Korda falleció el 26 de mayo de 2001, mientras estaba en París, a donde había viajado con motivo de una exposición sobre su obra.


(banda sonora de esta entrada, el Hasta siempre Comandante de Carlos Puebla, en versión de Ixo Rai)

Para saber más

Biografía de Korda, bellísimo el epitafio escrito por su amigo el fotógrafo José Alberto Figueroa
Entrevista a Alberto Korda, en Tiempo 21
Artículo sobre la foto de Korda en Reference.com
Interesante entrevista a Fitzpatrick, sobre la foto y su versión en poster.
Artículo sobre la foto en la Wikipedia (inglés)
En Cuba-Foto quzás todavía sea posible encontrar alguna foto firmada por Korda.

un miliciano, en el instante en que es alcanzado por un disparo, cae hacia atrás con los brazos abiertos, dejando caer un rifle Cerro Muriano, Córdoba. 5 de septiembre de 1936. Primeras escaramuzas entre los regulares dirigidos por el coronel Saenz de Buruaga y los milicianos anarquistas llegados de Alcoy. La Leica III de Robert Capa capta el preciso momento en que una bala alcanza a un miliciano, registrando la imagen más famosa de la Guerra Civil española y la que para muchos es la mejor fotografía de guerra de todos los tiempos.

La foto fue publicada por primera vez en la revista Vu, para la cual Capa estaba cubriendo la guerra española, el 23 de septiembre. Curiosamente, a pesar de ser su foto más famosa, Capa nunca hablaba de ella, y se sentía responsable de la muerte del miliciano. En 1975, un libro publicado por el británico Philip Knightley aseguraba que la fotografía era un montaje, basando su afirmación en que ese día apenas hubo actividad en el frente, por lo que Capa salió con varios soldados para hacer algunas tomas, ente ellas la famosa foto, que sería un posado.

Desde ese momento la controversia sobre la famosa fotografía no paró de crecer y se han publicado numerosos estudios tanto defendiendo como atacando la autenticidad de la imagen. En 1996, sesenta años después de la toma, se descubre la identidad del fotografiado: Federico Borrell García, natural de Alcoy, que tenía 25 años en aquel entonces. La comparación con fotos familiares no deja dudas, y diversos testimonios aseguran que, en efecto, Federico Borrell murió ese día en Cerro Muriano. No obstante, aún hay quien tiene dudas sobre si Capa realmente captó la muerte del miliciano, o fue un montaje, triste premonición de lo que sucedería más tarde ese mismo día.

Richard Whelan, uno de los mayores conocedores de la vida y obra de Capa, defiende en su biografía la autenticidad de la imagen, en base a diversos testimonios y amplios estudios, incluyendo la opinión del criminalista Robert L. Franks, detective jefe de homicidios del departamento de Policía de Memphis, para el cual la pose y la expresión del retratado le han convencido de que es prácticamente imposible que fuera una puesta en escena.

La teoría más aceptada es que, en efecto, el 5 de septiembre fue un día tranquilo, y por eso Capa salió con un grupo de milicianos a hacer algunas fotos por los alrededores, realizando varias carreras y simulando un asalto, hasta que de repente sonaron disparos y fueron atacados por tropas nacionales. Algunos sugieren que, dada la postura de Federico (que no parece estar corriendo en el momento de ser alcanzado, ni haber sostenido el rifle en posición de disparo o asalto), éste estaría posando para Capa justo en el momento en que fue alcanzado por un disparo, lo que explicaría los remordimientos del fotógrafo.

No obstante todo lo dicho, el que la fotografía sea un posado o una muerte real es algo que ha sido totalmente transcendido por la fuerza de la imagen. En palabras de Whelan: "To insist upon knowing whether the photograph actually shows a man at the moment he has been hit by a bullet is both morbing and trivializing, for the picture's greatness ultimately lies in its symbolic implications, not in its literal accuracy as a report on the death of a particular man."

En 2003, Jan Arnorld, hijo de un fotógrafo de guerra, comenzó el rodaje de Los Héroes nunca mueren, un documental sobre los milicianos y los fotógrafos de guerra, girando en torno a los protagonistas de esta imagen: Federico Borrell García y Robert Capa. Detalle curioso: la famosa foto no aparece en el documental, ya que la agencia Magnum y Cornell Capa, el hermano menor del autor, actuales propietarios de los derechos, no dieron su autorización.

Para saber más

Web de Luca Pagni, crítico de fotografía italiano que ha realizado exhaustivas investigaciones sobre la imagen, convencido de que es un montaje.

Un estudio a fondo de la imagen (PDF), en la web de Análisis de la imagen fotográfica de la Universitat Jaume I (que contiene otros muchos interesantes análisis, por cierto).

Artículo de Richard Whelan (en inglés), describendo las investigaciones en las que basa su opinión sobre la autenticidad de la imagen.

paisaje en blanco y negro, poco definido, con un árbol al fondo y edificios a los ladosLa imagen que ilustra esta entrada (y que pueden ver a mayor resolución en Wikipedia Commons) es la fotografía más antigua que se conoce.

Tomada por Joseph Nicephore Niepce (1765-1833) en verano de 1826, reune dos características que la hacen merecedora de este título: el uso de la "cámara oscura", y el empleo de sustancias fotosensibles para conseguir una imagen permanente "dibujada por el Sol" (heliografía, llamó Niepce a estas imágenes). Fue tomada desde una ventana del tercer piso de la casa de campo del inventor en Le Gras, Saint-Loup-de-Varennes (Francia), necesitó de unas ocho horas de exposición, y muestra parte del paisaje y varios edificios de la finca. Como curiosidad, obsérvese que los edificios están iluminados por el sol tanto por la derecha como por la izquierda, debido al enorme tiempo de exposición.

Aunque los principios de lo que sería la fotografía ya eran conocidos desde hacía mucho tiempo (Aristóteles ya describía en su Problemata algo muy parecido a una cámara oscura a partir de sus observaciones de un eclipse) e investigaciones recientes de la época habían avanzado bastante (el inglés Thomas Wedgwood había conseguido captar siluetas de objetos sobre papeles emulsionados con nitrato de plata, aunque había sido incapaz de fijarlas y abandonó sus investigaciones en 1802), la gran contribución de Niepce fue el conseguir un método por el que las imágenes permanecían fijas en el tiempo. El proceso implicaba placas impregnadas de betún de Judea, que después de ser expuestas durante varias horas, eran lavadas con una mezcla de aceite de lavanda y un derivado del petróleo, que disolvían el betún allí donde el sol no lo había endurecido, dejando un positivo directo (las áreas más oscuras corresponden a las menos iluminadas).

La imagen, un original único e irrepetible de 20.3 x 25.4 cm, viajó con Niepce a Inglaterra en 1827, en un fallido intento de interesar a la Royal Society en su invento, y al volver Niepce a Francia quedó en poder de su anfitrión, el botánico Francis Bauer. Tras pasar por numerosas manos y quedar bastantes años en el olvido, fue adquirida por el coleccionista y pionero de la historia de la fotografía, Helmut Gernsheim. La colección Gernsheim fue comprada en 1963 por la Universidad de Texas, y esta foto es desde entonces la joya de su exposición permanente.

(partes de la historia traducidas de http://www.hrc.utexas.edu/exhibitions/permanent/wfp/)

(completa web sobre Niepce)

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