Novedades en la categoría Teóricamente

Hoy en meneame.net me he encontrado este vídeo, que me ha parecido muy interesante, a pesar de lo breve:

El vídeo en sí tiene una finalidad más bien educativa (recuerden, la realidad no es siempre lo que parece ;), aunque a mí me llamó más la atención por la parte de "fotografiar comida". Conozco los trucos básicos (pulverizar agua, usar hielo seco para el humo...), pero nunca se me había ocurrido rebuscar un poco más de información de una disciplina que ha creado profesiones tan curiosas como la de "maquillador de alimentos". Y eso que la comida es un tema bastante frecuente en mis fotos... así que me he puesto a buscar cosillas por la Red, y aquí les resumo y enlazo algunos recursos para los interesados en el tema (me ha resultado llamativo, por cierto, que la mayor parte de los sitios en los que he encontrado información estaban más relacionados con la comida que con la fotografía).

Algunos truquillos

fotografía de andar por casa

A tener en cuenta para fotografiar ese plato tan chulo que nos han puesto en el restaurante (o bareto), o nuestros propios platos en casa:

  • ojo con los flashes. La mayor parte de las veces, usar flash será una mala idea, por la dureza de la luz y las sombras que produce, especialmente si es el típico flash que viene con la cámara. Las ventanas son una buena alternativa, ya que por lo general ofrecen una agradable luz lateral (si estamos en casa, con sólo una ventana y una cartulina blanca para hacer de reflector y suavizar las sombras, podemos hacer unas fotografías bastante decentes). Si hay poca luz procure dentro de lo posible usar un trípode, o apoyar la cámara en, por ejemplo, un vaso. Si tiene un flash más sofisticado, pruebe a usarlo rebotando o difuminando la luz. Esto último, en casa. Si está en un restaurante, y es usted lo suficientemente rarito como para llevar encima un flash con cabezal basculante (yo lo soy), sea consciente de que al usarlo no sólo será una molestia para los comensales de otras mesas, sino que además posiblemente se reirán de used por lo bajito.
  • acérquese. Que el plato llene el encuadre, o incluso escoja una vista detalle en vez de el plato completo. Cuide también el ángulo: las vistas cenitales (justo encima del plato) no sólo son más incómodas, sino que suelen ser menos atractivas que una toma realizada con una inclinación de 45, 30 o 70º.
  • ojo a los detalles. Una huella en una copa, una raya de salsa fuera de lugar o una gamba mal puesta pueden estropear una foto. En casa, mime el montaje del plato, fuera de casa, donde el plato ya viene montadito, intente encontrar la vista que más lo favorezca. Y si se lo puede permitir, seleccione. Si por ejemplo, ha hecho una docena de magdalenas, o tiene media docena de manzanas, tenga la picardía de escoger para las fotos sólo las que tengan mejor aspecto.
  • ojo también con los reflejos, especialmente en cristales o metales (pe, cubiertos). Una buena foto puede arruinarse si en la copa aparece su reflejo tan contento con la cámara, o el del camarero mirándole raro a su espalda.
  • dése prisa. Los platos suelen perder bastante atractivo fotográfico a los pocos minutos de haberse preparado (el vapor desaparece, los colores cambian, las salsas eligen libremente su camino, las ensaladas empiezan a desmontarse...). Fotografíe el plato recién montado, y no se corte en hacer varias tomas muy seguidas, que para eso usamos digital.
  • subexponga ligeramente. Así conseguirá realzar las texturas del plato. Ojo, no se pase, tampoco queremos fotos oscuras (normalmente).
  • son fotos, tenga en cuenta los detalles de siempre. Ajuste el balance de blancos, cambie la perspectiva, juegue con la profundidad de campo, use el macro si lo cree conveniente...

en estudio

Ya si se cuenta con un equipo más sofisticado, se pueden hacer cosas como esta:

Por supuesto, está bastante fuera del alcance de este blog decir nada que un fotógrafo con experiencia y acceso a ese equipo no sepa ya, pero para quienes tengan algo de curiosidad, les cuento par de truquillos básicos:

  • fondos planos, o en todo caso, sencillos, que den un buen contraste y realcen el plato a fotografiar.
  • complementos. Cubiertos, copas, servilletas, incluso algunos de los ingredientes del plato bien dispuestos.
  • accesorios. Pinzas para colocar esa hojita de hierbabuena justo donde tiene que ir, toallitas de papel o bastoncillos para limpiar esa gota fuera de lugar, un soplete de cocina para tostar el punto justo, pegamento rápido o alfileres para que esa hoja de lechuga se esté quietecita...
  • brillos. La comida debe parecer fresca, aunque lleve tiempo en el estudio. Para que conserve un aspecto fresco o brillante, suele pulverizarse con agua o una mezcla de agua y glicerina, o aplicarse aceite o glicerina con un pincel. Los vasos que deben aparecer fríos también pueden humedecerse y meterse un rato en el congelador, para que se forme una capa de condensación.
  • sucedáneos. Los helados se derriten. El puré de papas (patatas para los no canarioparlantes) no. Solución para fotografiar helados en estudio: puré de papas con colorantes. O congelar el helado una vez se le ha dado la forma deseada. El hielo también tiene esa fea costumbre de derretirse. Solución: cubitos de metacrilato. El vapor de los platos desaparece a los pocos minutos. Solución: hielo seco en agua (alternativa de bajo presupuesto: algodón empapado en agua y pasado por el microondas). Los cereales se hunden en la leche. Solución: usar una crema muy espesa (antes se usaba cola o pegamento blanco, pero a los fabricantes de cereales no les hacía mucha gracia). Las gotas de agua en los cristales se mueven. Solución: gotas de glicerina.
  • ángulo. La cámara suele disponerse en un ángulo de unos 45º, imitando la vista que tendríamos sentados a la mesa.
  • postproducción. Un simple "ajuste automático de niveles" puede hacer maravillas.

Para saber más

Que levante la mano el que alguna vez se haya preguntado, viendo la foto que acaba de sacar, "¿y esto por que ha salido tan rojo (o amarillo, o naranja, o...)?", especialmente en fotos nocturnas o de interiores...  Vale, bajen la mano las personas que ya saben la respuesta. Bajenla también las que no les interese saberlo. Bien, pues para quienes siguen con la mano levantada, va la (larga) entrada de hoy.

La temperatura de color

Para entender por qué a veces aparecen esas dominantes de color en nuestras fotos, hemos de saber que cada fuente de luz (el sol, una bombilla, un fluorescente...) tienen lo que se llama una temperatura de color diferente. La definición la pueden buscar en la Wikipedia, pero para lo que nos interesa, podemos interpretarlo de manera muy básica como que las distintas fuentes de luz producen luz de un color distinto, un parámetro que además puede medirse y expresarse en grados Kelvin (ºK) (el porqué de medirlo en grados Kelvin está íntimamente relacionado con la definición teórica, que aquí nos vamos a saltar para no liarnos demasiado).

La luz solar a mediodía, que podríamos decir que es la que se toma como referencia de luz "blanca" tiene unos 5500 ºK, y a esa misma temperatura de color se ajustan los flashes. Temperaturas de color más bajas indican colores más cálidos (rojizos y anaranjados), como los 1900 ºK de la luz de una vela o los 2800 de una bombilla convencional. Y temperaturas de color más altas dan colores más fríos (tirando a azules), como los 6500 ºK de un monitor LCD en blanco o los 7-8000 de un cielo nublado.

Sí, paradójicamente los colores que interpretamos como más cálidos son los que indican fuentes con temperaturas de color más bajas, y viceversa.

Para el ojo y el cerebro humano estas diferencias de temperatura no suelen ser problemáticas, ya que el cerebro se "ajusta" automáticamente y excepto en condiciones muy extremas nos hace interpretar un objeto de color blanco como de color blanco.

Peeero, las cámaras son bastante más sensibles a estas diferencias, y si están ajustadas a luz solar (5500 ºK), y fotografiamos un objeto blanco iluminado con una fuente de luz con una temperatura de color distinta (una bombilla, por ejemplo, que tiene una temperatura de color más baja), el objeto en cuestión aparecerá de ese color, que es el que está reflejando realmente (en nuestro ejemplo de la bombilla, aparecerá con un tono más naranja-rojizo). Y quien dice un objeto blanco, dice cualquier objeto que aparezca en la foto, por supuesto.

Y por eso en las fotos que tomamos en interiores, con luz de bombillas o velas, o en la calle, con la iluminación artificial de las farolas, sale con un tono de color completamente distinto al que "vemos". Y por eso esa diferencia es aún más notable con una vela que con una bombilla, por ejemplo.

En los Tiempos Antiguos, cuando la fotografía era química y se usaban carretes, esto era un verdadero problema, ya que tan sólo habían dos soluciones: o usar película especialmente calibrada para la temperatura de color a la que íbamos a trabajar (los carretes "normales" están calibrados para los 5500 ºK de la luz solar), o llevar una colección de filtros que se colocaban en el objetivo para tratar de compensar la diferencia de color.

Pero en los tiempos digitales, aaamigos, es un tema completamente diferente. Aquí es donde entra el tan útil, y sin embargo tan desconocido

El balance de blancos

Hoy en día prácticamente todas las cámaras digitales, incluso las compactas más sencillas, disponen de una opción que nos permite ajustar el balance de blancos. ¿Y qué es eso? Pues ni más ni menos que una opción que nos permite indicarle a la cámara que temperatura de color tienen las fuentes de luz con las que estamos haciendo fotos. De esta forma, la cámara tiene una idea más precisa de cómo interpretar los colores, y nuestras imágenes aparecerán con unos tonos mucho más naturales.

Aunque existe una opción de balance de blancos automático que según avanza la tecnología dá cada vez mejores resultados (la cámara intenta detectar por sí misma la temperatura de color ambiente y hace los ajustes pertinentes), a menudo es insuficiente, especialmente en condiciones de luz problemáticas, como luz escasa, o una temperatura de color muy lejos de los 5500 ºK de la luz solar. Es en estos casos donde saber controlar el balance de blancos puede sernos de gran ayuda.

Las cámaras más sencillas tienen unas opciones muy básicas, que están cerradas: luz solar, día nublado, sombras, luz incandescente, luz fluorescente, y para de contar. Lo cierto es que en la mayoría de ocasiones nos bastará con esas simples opciones, pero si solemos hacer fotos con fuentes de luz "difíciles" encontraremos de gran utilidad el poder indicar la temperatura de color en grados Kelvin directamente. Algunos modelos permiten incluso hacer un bracketing de temperatura de color, es decir, hacer la misma foto varias veces variando la temperatura de color automáticamente en cada toma. Otra opción presente en algunos modelos, y que es especialmente útil en temperaturas de color muy altas o muy bajas (que se lo ponen difícil a los automatismos de la cámara) es la posibilidad de hacer un disparo a un objeto blanco, y ajustar de esa manera la temperatura de color.

¿Qué cuales son las opciones que tiene nuestra cámara? Pista: mirar el manual. Si no dice nada, sólo dispone de balance de blancos automático.

En cualquier caso, una vez hecha la fotografía si no nos gusta el resultado siempre nos quedará la posibilidad de tratarla con un programa de retoque con el que podamos hacer una corrección de color a posteriori. Pero no olviden nunca que las imágenes en JPG son imágenes con pérdida, y que si procesamos un JPG para guardarlo de nuevo como JPG después de procesado, la pérdida de información será aún mayor. Imperceptible muchas veces, pero irrecuperable. Por eso es bueno acostumbrarse a

Tirar en RAW

Y este consejo es válido incluso si nuestra cámara dispone de todas las opciones posibles de balance de blancos.

Algún día hablaremos en detalle del formato RAW y sus ventajas. Para lo que nos interesa hoy basta con saber que en un fichero RAW se guarda la imagen tal cual la capta el sensor de la cámara. Y eso mola.

Si tenemos la cámara configurada para guardar las fotos directamente como JPG, será el software de la propia cámara el que se encargue de generar el fichero JPG (que, como decía antes, es un formato con pérdida) aplicando todos los parámetros que le hayamos indicado: nitidez, saturación, calidad de la imagen... y balance de blancos.

Esto tiene dos problemas: el primero, que tocar a posteriori un JPG para cambiar cosas implica siempre una pérdida de calidad. El segundo, que aunque el software que viene con la cámara puede ser (y suele ser) muy bueno, por lo general siempre es mejor un programa dedicado que podamos usar en nuestro ordenador.

Sin embargo, si disponemos del fichero RAW de una foto, con el programa adecuado podremos ajustar el balance de blancos a voluntad, y ver sobre la marcha como queda, haciendo los ajustes que queramos sin que haya ninguna pérdida de calidad y con mayor precisión que si le dejamos ese trabajo a la cámara.

Sí, es más trabajoso, y muchas veces guardaremos la foto tal cual, dejando el balance de blancos que decidió la cámara (si guardamos un fichero en RAW, la cámara no aplica esos ajustes a la imagen, pero sí que guarda la información de los mismos). Pero llegará un día en que haremos La Foto. Y la habremos hecho en JPG. Y nos arrepentiremos. Se lo digo por experiencia, luego no digan que no les avisaron.

Por cierto, si tocan el balance de blancos para adaptarse a la luz ambiente y luego van a hacer fotos con flash, recuerden ajustar el balance nuevamente a 5500, si no quieren una foto azulada cual aldea de pitufos  ;) 

 

Soltada toda esta parrafada, algo muy obvio, pero por si acaso: lo que se ha contado es porqué se produce ese efecto, y como podemos corregirlo si lo deseamos. Pero eso no quita para que una foto tomada a la luz de la vela quede muy bien con esos tonos cálidos, o que una toma nocturna gane mucho con los tonos azules propios de la escasa luz de esas horas. Como siempre, lo importante de conocer como funcionan las cosas no es hacer "lo correcto", sino saber como podemos usarlo para expresar o reflejar lo que realmente queremos.

Son muchos los elementos que afectan a la composición de una fotografía, y el correcto manejo de los mismos nos ayuda a transmitir las sensaciones y mensajes que queremos comunicar al espectador (o simplemente, nos ayuda a conseguir la estética que queremos para nuestra imagen). Uno de estos elementos es el ángulo en que disponemos la cámara con respecto al elemento fotografiado. Este es un tema que trataremos con más profundidad "en un cercano futuro", pero mientras, no me resisto a invitarles a ver este vídeo explicativo, que aunque está más enfocado a vídeo, también puede aplicarse a la fotografía:

El vídeo forma parte de la serie Aprende con de Extremadura TV, que no deberían perderse bajo ningún concepto (gracias, Esther, por el enlace).

En los viejos tiempos de la fotografía química, a la hora de ajustar la exposición uno se preocupaba básicamente de dos factores: velocidad y abertura. El tercer factor que determina la cantidad de luz que hace falta para realizar una foto, la sensibilidad de la película (que no del fotógrafo, que también daría para escribir mucho), tan sólo era tenido en cuenta en ocasiones muy concretas, y casi siempre por profesionales. El que no se pudiera cambiar un carrete a medias, el alto precio de los carretes de sensibilidades altas, así como el apreciable grano que aparecía en las imágenes, limitaba mucho las oportunidades de poder tirar a algo más de 100 ASA.

Con la llegada de las cámaras digitales, y especialmente los últimos modelos, que han mejorado muchísimo sus sensores y algoritmos internos de tratamiento de imagen, se ha convertido en algo de lo más normal el cambiar la sensibilidad de una foto a otra, o incluso dejar que sea la cámara la que elija la sensibilidad con que se dispara en cada momento, y hoy día es algo tan natural como ajustar la velocidad, e incluso se tiene más en cuenta que ajustar la apertura.

¿Pero que es eso de la sensibilidad?

El concepto se remonta a los mismos orígenes de la fotografía: una foto no es más que una imagen que queda fijada en un soporte tras recibir este soporte una determinada cantidad de luz. La cantidad de luz que necesita el soporte para impresionar la imagen correctamente está determinada por lo sensible a la luz que sea ese soporte.

En los viejos tiempos, esta sensibilidad venía dada por la composición química de la película. En los nuevos tiempos, viene determinada por el sensor. En ambos tiempos, uno de los factores más importantes es el tamaño: antes, el tamaño de las moléculas de sales de plata que forman el material sensible de la película (a mayor tamaño, más sensible era la película); ahora, el tamaño de cada uno de los "píxels" del sensor (a mayor tamaño, se consigue más sensibilidad). En ambos casos, el truco es que a mayor tamaño, inciden más rayos de luz sobre cada elemento sensible (molécula o píxel), por lo que hace falta "menos luz" para obtener una imagen correcta (esto ha sido una simplificación bastante burda, ya que en realidad el asunto tiene algunas sutilezas más, pero estamos hablando de conceptos básicos, así que espero que espero que los entendidos, y en particular BioMaxi, me perdonen).

Como todo en esta vida, hay que pagar un precio por ello: el grano en película y el ruido en digital. Centrándonos en las cámaras digitales: el sensor de la cámara está compuesto por varios millones de células (los famosos megapíxels). Al recibir luz, cada uno de estos sensores produce una pequeña corriente eléctrica, que luego es interpretada por el software de la cámara para construir la imagen final. Al variar la sensibilidad de la cámara desde la opción correspondiente, no se está variando la sensibilidad "física" del sensor, que es fija, sino que se le indica que la señal que llega desde cada sensor debe ser amplificada, con lo que podemos captar la imagen aunque haya menos luz de la deseable. Lo malo del invento es que la señal que envía cada píxel no es "pura", está contaminada por una pequeñísima cantidad de ruido eléctrico producido por la temperatura del sensor, la proximidad de otros píxels, y otros factores. Normalmente este ruido es despreciable en una imagen tomada a la sensibilidad base de la cámara (que suele ser 100 ISO), pero si se amplifica la señal del píxel, también se amplifica este ruido. A mayor amplificación, la señal que proviene de la luz será proporcionalmente menor que la producida por el ruido, y empezarán a aparecer elementos extraños en la imagen (píxels más brillantes u oscuros de lo que les corresponde, colores falsos, imágenes menos nítidas...). En breve: a mayor sensibilidad, menos calidad de imagen.

El punto en que el ruido se hace perceptible en una imagen depende de muchos factores, algunos relacionados con la imagen que estamos tomando (las zonas oscuras suelen presentar más ruido, los cambios sutiles de color se difuminan...), pero sobre todo relacionados con la cámara, principalmente el tamaño y construcción del sensor, la calidad del conversor analógico/digital (el elemento que se encarga de convertir las corrientes eléctricas recibidas del sensor en información que entienda el ordenador de la cámara), y la parte del software de la cámara que se encarga de reducir el ruido. A 800 o 1000 ISO el ruido de una compacta, una SLR básica y una SLR profesional presentan diferencias más que notables (por lo general, en relación directa con su precio).

Un detalle importante a tener en cuenta es que en las cámaras digitales, el nivel de ruido (a cualquier sensibilidad) aumenta con el tiempo de exposición, por lo que hay que ser especialmente cuidadoso en exposiciones de varios segundos.

¿Y eso de los ISO/ASA?

El estandard ISO 5800 define una escala que mide la sensibilidad de una película (para cámaras digitales el estandard está definido en la ISO 12232). Los detalles técnicos de la especificación escapan al entendimiento del común de los mortales (servidor incluido), por lo que basta con saber que una película de ISO 100 necesitará el doble de luz que una película de ISO 200 para conseguir la misma exposición, y una película ISO 400 necesitará la mitad de luz que una de 200.

A efectos prácticos, una duplicación de la sensibilidad equivale a un punto menos de exposición. Así, una imagen tomada con una velocidad de 1/125, apertura 4 e ISO 100, tiene la misma exposición que una tomada a 1/250, f4, ISO 200 (o una tomada a 1/125, f8, ISO 200).

Esta escala es en realidad doble, una linear (que se corresponde a la antigua ASA, de la American Standards Association), que se duplica en cada paso (100-200-400-800...), y una logarítmica (que se corresponde con el antiguo estandard alemán DIN), en la cual un incremento de tres se corresponde con un punto de exposición (21 DIN equivale a 100 ASA, 24 DIN a 200 ASA). Aunque la forma completa de expresar la sensibilidad ISO es combinando estas dos cifras (100/21º, 200/24º...), habitualmente suele omitirse la segunda.

Los rangos habitualmente presentes en las cámaras digitales oscilan entre los 100 y los 1600 ISO, con algunas llegando hasta los 3200, 6400 en las profesionales, y la tremendidad de 25600 en la Nikon D3. Por lo general (depende muchísimo del modelo), hasta las compactas más baratas puden hacer fotos sin ruido a ISO 200, las mejores compactas pueden llegar a 400 o 640 sin ruido demasiado perceptible, y las SLR de rango medio pueden producir imágenes más que aceptables hasta ISO 800 o 1000.

Para saber más

Escalas de sensibilidad, en la Wikipedia lo mismo, en la wikipedia en inglés, algo más completito [en]

Hace algún tiempo, hablando de objetivos, ya comenté algo sobre aberturas de diafragma, uno de los dos parámetros que definen lo que es la base de cualquier fotografía: la exposición. Hoy toca el otro parámetro, la velocidad de exposición (o velocidad de obturación, o tiempo de exposición), y en un cercano futuro (con algo de suerte) nos extenderemos un poco sobre el concepto de exposición y cómo jugar con estos dos valores....

La gente con cierta idea de teoría fotográfica puede obviar tranquilamente este post ;)

¿De qué estamos hablando?

Del tiempo durante el que la superficie sensible (sensor o película) recibe luz. O expresado de una forma más elegante, el tiempo durante el que la superficie sensible está expuesta a la luz (de ahí lo de "exposición"). Se conoce como velocidad de obturación porque habitualmente es el tiempo durante el que el obturador de la cámara permanece abierto. Suele expresarse en segundos (para tiempos igual o mayor que un segundo) o fracciones de segundo (para tiempos menores a un segundo). Ojo, las fracciones de segundo suelen escribirse sin el 1/ (es decir, si la cámara marca una velocidad de 500, indica 1/500 de segundo) (esto despista mucho al principio).

¿Obturador?

Mmmm.... esto daría para un post completo, pero ya que estamos, y dado que está intrínsecamente relacionado con la velocidad, intentaremos resumirlo: el obturador es el dispositivo que evita que entre luz al sensor (o película), y que se abre durante un tiempo determinado al pulsar el disparador. Durante ese tiempo, el obturador se retira y dejar pasar libremente la luz hacia la superficie sensible. A más tiempo abierto, más luz llega al sensor.

Hay dos tipos de obturador:

obturador central

Se situan en la lente de la cámara, y suelen abrirse desde el centro hacia los bordes. Si tiene una cámara compacta análogica, puede verlo de forma sencilla abriendo la tapa de la película (antes, asegúrese de que no hay película dentro, claro), y sacando una foto. Podrá apreciar perfectamente el círculo que se abre y se cierra. Si su cámara se lo permite, abra al máximo el diafragma y seleccione una velocidad lenta para apreciarlo mejor.

En el caso de las compactas digitales, es más difícil apreciarlo, no sólo porque no podemos abrirlas por detrás (no podemos, no lo intente), sino porque funcionan de manera ligeramente distinta: en las compactas digitales el obturador está inicialmente abierto (si no, no llegaría la luz al sensor y no podríamos ver la escena en la pantallita de atrás), y al pulsar el disparador, primero se cierra el obturador, se ajusta la circuitería del sensor para que pase de capturar vídeo (el que se muestra en la pantalla) a capturar imagen fija, entonces se abre el obturador durante el tiempo indicado, se cierra, vuelve a reajustarse la circuitería, y vuelve a abrirse para volver a mostrar la escena actual en la pantallita (¿nunca se había preguntado por qué tardan tanto las compactas en hacer una foto después de pulsar el botón? Pues ya lo sabe). Eso hace algo difícil poder apreciar el obturador. Pero está ahí, créame.

Este tipo de obturadores tiene bastantes ventajas, ya que son extremadamente fiables, silenciosos y ligeros, además de que permiten una perfecta sincronización de flash a velocidades de hasta 1/1000. Por contra, tienen dos importantes desventajas: no permiten velocidades superiores a ese 1/1000, y no pueden usarse en cámaras SLR (ya que van integrados en la lente, y eso obligaría a lentes y cámaras más complejas y caras). Así que las cámaras SLR usan...

obturador de cortinilla

Este modelo consta de dos cortinillas situadas en la cámara, entre el objetivo y el sensor, que se desplazan horizontal o verticalmente (según la cámara). Las cortinillas se desplazan a una velocidad constante (pongamos que hacen todo el recorrido en 1/100 s), y es el espacio entre ambas cortinillas (por el que pasa la luz) el que define la velocidad. Por ejemplo: si hace el recorrido completo en 1/100s, y la distancia entre las cortinillas es de 1/20 la longitud del sensor (para un sensor de 36mm, 1.8mm, por ejemplo), entonces la velocidad de obturación será de 1/2000.

Sin que sirva de precendente, una imagen para intentar que quede más claro:

Imagen compuesta de cinco fotos simulando el funcionamiento de un obturador de cortinilla horizontal

En la primera imagen, el obturador está cerrado (transparencia añadida para mayor claridad). En la segunda, la primera cortinilla ya se ha desplazado ligeramente, dejando un hueco, y la segunda cortinilla acaba de comenzar su movimiento. En la tercera y cuarta imágenes continua el desplazamiento de ambas cortinillas, y en la quinta la primera cortinilla ha finalizado su recorrido y la segunda está a punto de terminar.

El espacio entre cortinillas en este ejemplo es de 1/5 el ancho del sensor, por lo que si suponemos que cada cortinilla hace su recorrido en 1/100 de segundo, la exposición será de 1/500. Es decir, cada fragmento del sensor habrá estado expuesto a la luz durante 1/500 de segundo, aunque no simultáneamente (esta no simultaneidad es generalmente imperceptible, aunque puede dar lugar a algunos efectos curiosos, especialmente al usar flash). Ajustando el espacio entre cortinillas, es relativamente sencillo conseguir velocidades bastante altas, que llegan a 1/8000 en algunos casos.

Cuestión de tiempo

Con un excelente criterio (que a menudo se echa de menos en muchos aspectos de la tecnología de hoy en día, aunque también es cierto que les costó cierto tiempo -valga la redundancia- ponerse de acuerdo), los fabricantes de cámaras decidieron unificar una serie de valores que forman una escala de velocidades utilizada universalmente, al igual que se hizo con las aperturas de diafragma. Con excelente criterio también, la relación entre los valores de esta escala es la misma que sigue la serie de valores de diafragmas, con lo cual ambas series pueden relacionarse entre sí de manera sencilla (más sobre esto cuando tratemos el tema de la exposición). La serie en cuestión es la siguiente, en la que cada tiempo es la mitad del valor anterior, y el doble del siguiente, con un ligero redondeo:

30 15 8 4 2 1 2 4 8 15 30 50 125 250 500 1.000 2.000 4.000 8.000

Nótese que los valores situados a la izquierda del 1 corresponden a segundos, y los situados a la derecha, a fracciones de segundo. A medida que nos desplazamos hacia la derecha, las velocidades son más altas, y el tiempo de exposición más corto.

Esta puede considerarse la escala completa, sólo presente en las cámaras más avanzadas. Generalmente, las cámaras más sencillas sólo cubren desde 1 a 1/1000, o incluso menos. También son muy pocas las cámaras que llegan a 1/8000 o 30. Al igual que ocurre con los valores de la abertura, el salto entre un valor y otro se conoce como un "punto" o "paso", y también al igual que con las aberturas, la mayoría de las cámaras modernas permiten seleccionar valores intermedios de esta escala, como 1/80 o 1/160. En estos casos se habla de "medio punto", o "un tercio de punto".

Rápidorápidorápido....

Las velocidades más altas (1/500, 1/1000...) "congelan" el movimiento, permitiendo "detener" objetos que se desplazan. La distancia y el sentido del objeto en movimiento son determinantes para conseguir este efecto: objetos más lejanos son más fáciles de fijar, al igual que los que siguen una trayectoria perpendicular a la cámara (alejándose o acercándose a esta). Al contrario, objetos cercanos o moviéndose en paralelo a la cámara, requerirán velocidades más altas para conseguir ese efecto de fijado.

Al aumentar la velocidad, entra menos luz, por lo que para conseguir una exposición correcta serán necesarias aberturas más grandes o usar una mayor sensibilidad en el sensor o película (más sobre esto en próximos posts).

Para velocidades extremadamente rápidas (de esas que se usan para congelar balas atravesando naipes o globos estallando) se usan flashes y disparadores electrónicos, es decir, se juega con el tiempo durante el cual la luz ilumina la escena, y no con el tiempo durante el que la cámara permite que le entre luz. Es técnicamente más sencillo. También es otra historia, que deberá ser contada en otra ocasión...

Con caaaalmaaa...

Al disparar con velocidades lentas (1/50 o menores) es necesario tener en cuenta la molesta tendencia a moverse que tienen la mayoría de los objetos. No sólo los objetos fotografiados, sino también la cámara misma: cuánto más lenta sea la velocidad, más sensible será la cámara a las vibraciones. Estas vibraciones se producen al pulsar el botón disparador (para lo cual viene bien disponer de un cable disparador, o usar el autodisparo del que disponen la mayoría de las cámaras), al levantarse el espejo de las cámaras réflex y golpear la parte superior de su soporte (para lo cual viene bien levantar el espejo antes de realizar la foto, en las cámaras que disponen de esta opción), y sobre todo, con los movimientos del fotógrafo si la cámara se está cogiendo a pulso (para lo cual viene bien usar un trípode o un monopie).

Para evitar fotos movidas debidas a la vibración de la cámara cuando se usa la cámara a pulso hay una regla de oro: la velocidad de disparo ha de ser como mínimo la inversa de la distancia focal. Es decir, si usamos un objetivo de 200mm, la velocidad debe ser 1/200 o superior. Con un 50mm, 1/50 o superior (ojo al multiplicador de focal de su cámara, un 200mm con un sensor con un multiplicador de 1.5 es equivalente a un 300mm, por lo que la velocidad mínima sería de 1/300).

Para velocidades muy lentas, muchas cámaras disponen de una posición B (de bulb). En esta posición, el obturador permanece abierto tanto tiempo como el pulsador de disparo permanezca presionado (para lo cual vienen muy bien los cables disparadores, que suelen permitir "fijarlos" en posición de disparo), permitiendo tiempos de exposición incluso de varias horas. ¿Que para qué querría alguien exponer una foto durante varias horas? Pues para astrofotografía, por ejemplo. O para enchufar un montón de filtros grises neutros al objetivo y hacer fotos de lugares con mucha gente con exposiciones tan largas que la gente no quede reflejada en la imagen.

Algunas cámaras tienen también una posición T (¿trigger?), en la cual la exposición comienza al pulsar el disparador, y dura hasta que se pulsa nuevamente. No se ve mucho últimamente.

Por cierto, las cámaras digitales llevan muy mal lo de las exposiciones muy largas, ya que el sensor tiene a calentarse y añadir ruido a la imagen. Pero eso es otra historia, etc, etc...


La velocidad de obturación nos proporciona una amplia gama de posibilidades creativas, y nos permiten ver el mundo de una forma que sería imposible de captar a simple vista: los objetos congelados o movidos a menudo son muy interesantes, y se pueden conseguir espectaculares efectos con objetos en movimiento combinados con otros estáticos (usar velocidades lentas con agua en movimiento en cascadas, fuentes o en la orilla del mar proporciona resultados impresionantes, por ejemplo). Pero ojo, la mayoría de las veces, una foto movida es una foto movida. Use su sentido de la estética.... ;)

Fotografía de un amplio grupo de objetivosTercer y último escrito sobre el apasionante mundo de los objetivos para SLR. En los dos anteriores hemos visto lo que significan sus principales características: la distancia focal y la abertura máxima. En este vamos a intentar algunas clasificaciones que nos orienten un poco al enfrentarnos a las tremendas colecciones con las que los fabricantes nos tientan.

Prefacio: no se me líen con el factor de multiplicación de su cámara

Un detalle importante: siempre que se habla de distancia focal de un objetivo nos referimos al numerito que tiene grabado, que es el que es. La siguiente clasificación se basa en las distancias focales para una cámara de película de 35mm, o una digital de sensor completo. Esto no siempre es lo que es.

En épocas pretéritas, cuando sólo habían cámaras químicas, el tamaño de película estaba estandarizado (con algún intento de salirse del plato que no prosperó) (nótese que no intento hablar de cámaras de medio o gran formato. Ese es un estadio superior de existencia del que no hablaremos por el momento). Desde la más modesta compacta hasta la Nikon F4, la Canon EOS 1v o la Leica M7, todas usaban los mismos carretes de película de 35mm. Esta democracia que igualaba a la más sencilla de las criaturas con las top model usadas por unos pocos elegidos desapareció con el advenimiento de la era digital, y cada fabricante ha apostado por el tamaño de sensor (que a efectos focales viene a ser el tamaño del negativo) que mejor le parecía. Y eso afecta a las distancias focales y a como funcionan los objetivos.

Así que a partir de ahora cuando lean "el objetivo de 50mm es considerado el normal", ya no estamos hablando del numerito grabado, estamos hablando de su clasificación. La lectura correcta es "el objetivo de 50mm es considerado el normal en una cámara de película de 35mm, o una digital de sensor completo." Queda como tarea para el lector averiguar el factor de multiplicación del sensor de su cámara (truco: mirar el manual), multiplicarlo por la distancia focal del objetivo, y mirar entonces esta clasificación.

Por ejemplo: "el objetivo de 50mm se considera normal. Un 75mm se considera un teleobjetivo". Tenemos un objetivo de 50mm (numerito grabado). En una EOS 5D, que es de sensor completo, este objetivo es un objetivo normal. Nos prestan una EOS 400D, que tiene un factor de multiplicación de 1.6. Ops. El mismo objetivo en esta cámara es ahora un 50x1.6=80mm. Esto ya es un teleobjetivo.

Captada la idea, podemos clasificar los objetivos de distintas maneras:

Por su distancia focal

en breve:

- 50mm: objetivo normal, ángulo de visión similar al ojo humano
- menor: gran angular, mayor ángulo de visión, gran profundidad de campo, mola para paisajes
- mayor: teleobjetivo, menor ángulo de visión, acerca objetos, poca profundidad de campo, mola para deportes y fotografiar bichos de lejos

objetivo normal

Sus 50mm de distancia focal son muy similares a los 43mm de la diagonal de un negativo de 24x36mm (esto es, a la diagonal de la imagen que se proyecta sobre este negativo), y cubre un ángulo de visión de unos 46º, similar al ojo humano. Por ello su campo de visión es muy similar al que vemos normalmente. Las razones de que sea 50mm y no 43 son más bien técnicas, ya que a principios del siglo XX, cuando empezaron a fabricarse estos objetivos, esta distancia daba una mejor calidad de imagen. Algún día escribiré algo sobre Oscar Barnack, inventor tanto del objetivo de 50mm como de las cámaras de 35mm (no es una casualidad, obviamente), que por desgracia no es tan conocido como se merece.

Esta íntima relación entre la distancia focal y la diagonal del negativo (sensor), hacen que por lo general los objetivos de 50mm sean los que proporcionan una mayor nitidez de imagen así como los que disponen de mayores aberturas y presentan menos aberraciones, todo ello con una construcción relativamente más sencilla que otras focales, lo que suele traducirse en un menor peso y volumen. Son factores importantes a tener en cuenta a la hora de empezar nuestra colección de lentes.

Aún siendo desplazado por zooms de kit, el 50mm sigue siendo uno de los objetivos más utilizados, precisamente por esa capacidad de reflejar aproximadamente lo que el ojo ve. Muchos fotógrafos, entre ellos grandes maestros, no usan otra distancia focal. Se considera el mejor objetivo para iniciarse en la fotografía, ya que fuerza al fotógrafo a moverse y trabajar la composición de la imagen, en lugar de tirar de zoom o cambiar a otro objetivo sin moverse del sitio.

gran angular

Los objetivos con distancia focal por debajo de los 50mm (entre 24 y 35) son llamados grandes angulares. Su ángulo de visión es mayor que el de 50mm y tienen una mayor profundidad de campo, por lo que son ideales para fotografía de paisajes, interiores o retratos donde se desea mostrar parte del entorno. Ofrecen una notable distorsión de la perspectiva cuando se fotografían elementos muy cercanos, lo cual puede aprovecharse para conseguir efectos interesantes (de la misma manera, también puede aprovecharse para conseguir imágenes aburridas con algo de distorsión, para que vamos a engañarnos).

ojos de pez

Es un gran angular extremo que cubre un ángulo de visión de 180º o más, con una distancia focal de 19mm o menor, a costa de introducir una enorme distorsión de la perspectiva en la imagen, lo que los limita a usos técnicos y artísticos. Al igual que su ángulo de visión, su precio y tamaño también son extremos, llevándose la palma un 6mm f/2.8 fabricado por Nikon, con un ángulo de visión de 220º, un peso de 5.2 Kg y que sólo se fabrica por encargo.

teleobjetivos

Por encima de los 50mm hablamos de teleobjetivos. Su nombre proviene del griego tele, "a distancia", lo que nos dá una idea de su principal uso: "acercar" los objetos lejanos. Los teleobjetivos también "aplanan" las imágenes, en el sentido de que dos objetos situados a cierta distancia entre sí en la línea de visión parecen estar más cerca entre sí cuanto mayor es la distancia focal del objetivo. Los teleobjetivos tienen una profundidad de campo menor cuanto mayor es la distancia focal, por lo que requieren un enfoque más fino, especialmente para objetos lejanos.

Un tele corto (70-90mm) es el objetivo ideal para retratos, al combinar una nitidez de imagen similar a la del 50mm, con la posibilidad de alejarnos algo y no intimidar tanto al modelo, y su menor profundidad de campo permite, si es necesario, desenfocar el fondo para que no distraiga del punto de atención.

Teles algo más largos (hasta 200-300mm) son los utilizados habitualmente en fotoperiodismo, deportes o naturaleza, donde no siempre es posible (ni seguro) acercarse al motivo, a la vez que mantienen un tamaño y peso decente manejable.

Los superteleobjetivos (mayores de 300mm) son, como los ojos de pez, escandalosamente caros y pesados. De hecho, son aún más escandalosamente caros y pesados, especialmente los más luminosos. Tan sólo se usan en ciertos deportes (¿se han fijado en los megaobjetivos que usan los fotógrafos de fútbol?, pues esos son) y en fotografía de animales, sobre todo aves. El caso extremo es el Zeiss Apo Sonnar T* 1700mm f/4 presentado en la reciente Photokina, que pesa 256 Kg y del que en el momento de escribir esto tan sólo existe, que se sepa, un ejemplar. Su precio es desconocido, pero es vox populi que algunas de sus lentes son más caras que un coche de lujo.

Al igual que ocurre con los grandes angulares, según nos vamos alejando de 50mm, van aumentando las distorsiones y aberraciones ópticas que podemos encontrarnos. Los objetivos de construcción moderna consiguen reducirlas en buena medida (especialmente cuánto más alto es el numerito que indica el precio), pero no está de más tenerlo en cuenta.

Por su tipo de distancia focal

en breve:

- distancia focal fija: mayor calidad, más baratos y ligeros
- zooms: abarcan un rango determinado de distancias focales (pe, 70-210mm). No hay que cargar con tres o cuatro objetivos equivalentes

Un objetivo puede tener una distancia focal fija, o variable. En este último caso, se conocen como zooms.

Los zooms pueden tener una gama de focales muy amplia, que abarque tan sólo una de las clasificaciones anteriores (como un 70-200), o que cubra varias de ellas (como un 28-200). A diferencia de las cámaras compactas, la distancia focal se varía manualmente, girando el objetivo o moviendo una de sus piezas hacia adelante/atrás. En los casos en que el cambio se hace girando el objetivo, es importante fijarse en si la parte delantera del mismo también gira: esto puede ser una molestia cuando usamos filtros como un polarizador o un degradado, cuyos efectos cambian según su posición.

¿Que es mejor? ¿una lente de focal fija o un zoom? La respuesta es un rotundo... depende. Depende de sus necesidades, de sus preferencias, de su presupuesto e incluso del tema concreto que vaya a fotografiar en un momento dado. Las lentes fijas por lo general dan mayor calidad de imagen, tienen menos distorsiones y son más baratas. Los zooms ocupan (y pesan) menos, si los comparamos con las lentes fijas que sustituyen, ofrecen mayor versatilidad y evitan cambios de objetivo, lo que disminuye el riesgo de ensuciar el sensor.

Lo habitual es combinar ambos tipos para cubrir todo el rango de focales. Personalmente, en mi época de SLR química, tenía un 28, un 50 y un 70-210, y tan contento. Cuando dé el salto a SLR digital, pasaré de nuevo por el indeciso calvario de que lentes comprar, ya les contaré...

Este artículo de Digital Photography School puede ayudarle a decidir.

Objetivos especiales

Por lo general, estos objetivos tienen usos muy específicos y normalmente uno no se plantea usarlos si no es realmente necesario, pero no está de más conocerlos.

macros

La macrofotografía consiste en fotografiar motivos con una relación de 1:1, es decir, que el tamaño del motivo será el mismo que se refleje en el negativo (si fotografiamos un objeto de 1 cm, tendrá un tamaño de 1 cm en el negativo/sensor). A menudo la relación no es tan estricta, y se califican como objetivos macro los que se acercan bastante a esa relación.

Este tipo de fotografía puede realizarse con accesorios especiales, como tubos de extensión o lentes de aproximación, o con objetivos especialmente preparados para ello, que proporcionan un enfoque adecuado a las cortas distancias a las que trabajan. Existen objetivos de uso general con una posición macro, pero sus resultados no son tan buenos como un objetivo especialmente diseñado para este tipo de fotografía.

objetivos basculantes o descentrados

Son objetivos con una construcción especial que corrige la perspectiva cuando el plano focal no está en paralelo con el motivo fotografiado (por ejemplo, en la fotografía de fachadas de edificios altos). Suelen usarse casi exclusivamente en fotografía de arquitectura, y en cámaras de medio formato.

catadióptricos o de espejo

Su construcción incluye una serie de espejos que aumentan el recorrido de la luz dentro del objetivo (de manera similar a la construcción de un telescopio) lo que permite mayores distancias focales sin llegar a tamaños y pesos extremos. La calidad suele ser algo menor, y ya no suelen verse mucho.

lensbabies

Las lensbabies, que causan furor en ciertos círculos, son objetivos de bajo coste que tienen muy poca nitidez a ciertas aberturas, lo que dá a las fotos un efecto de halo o blur, que dirían los ingleses. Algunos modelos también permiten un descentrado, lo que provoca distorsiones en la perspectiva. Añadimos una intensa aberración cromática y tenemos una auténtica lente de juguete, que sin embargo, y precisamente por sus especiales características, se ha convertido en toda una curiosidad.

objetivos rápidos

Realmente no son "objetivos especiales" como los anteriores, sino objetivos con una apertura máxima muy alta, como 1.4 o 1.2 (para 50mm), o 2.8 (para 400mm), lo que permite trabajar con ellos a velocidades mayores que los de luminosidad más baja. Aunque existen objetivos con f < 1 para cine y aplicaciones especiales, creo que en fotografía los más rápidos (luminosos) son el Leica Noctilux M 50mm f/1.0 y el Canon EF 50mm f/1.0L USM.

¿Y todas esas letritas que llevan los objetivos?

Aparte de la distancia focal y la abertura, los objetivos suelen llevar una serie de crípticas iniciales en su denominación, tal que L, EF, VR, DX, o similares.

Explicar todas estas iniciales daría para un post completo, que es exactamente lo que han hecho Miguel Michán de Backfocus en su excelente El Tórrido Mundo de las Siglas en los Objetivos, y Sergio de la Torre en Abreviaturas de objetivos, ambos de lectura indispensable.

Para complementar, Ken Rockwell tiene una página sobre tecnología y terminología de Nikon, donde se explican (en inglés) las correspondientes a objetivos Nikkor.

Y para acabar

...hay que ver, y yo pensaba meter todo esto en un único post, pues sí que.... Les prometo que los próximos serán más breves.

Bueno, para acabar, un consejo: sea cual sea el objetivo que le pongan a su cámara, usen siempre, siempre, un filtro, de esos que se enroscan por delante. Los filtros más caros son bastante más baratos que los objetivos más económicos, y siempre es preferible que se raye o ensucie el filtro que la lente frontal de nuestro objetivo. Los más habituales para este cometido son los UV o los Skylight, aunque hay quien prefiere polarizadores. Ustedes mismos. Pero usen un filtro en todos y cada uno de sus objetivos.

Ah.

Y tengan cuidado ahí fuera.

Para saber más

Rediscover The 50mm Lens. The Joy And Excitement Of Subjective Photography [en]
Uses and applications of 35mm lenses [en]
Perspective correction lens en la Wikipedia [en]
Equipos para macrofotografía

Fe de (cuasi)erratas (25/11/06)

Revisando el texto me he dado cuenta de que en realidad el Zeiss de 1700mm es un objetivo para cámaras de medio formato. Si nos ceñimos a objetivos para SLR, el trofeo a la mayor distancia focal va para el Canon 1200 mm f5.6 EF L USM. Un monstruito de 16 kilos de peso, casi 90.000$ de precio, construido sólo por encargo, y del que hay una docena en activo en todo el mundo. Tiene incluso su propia entrada en la Wikipedia.

Actualización de la fe de erratas (2/12/06): estoy fino yo... Pues no, ni el Zeiss 1700 ni el Canon 1200... El teleobjetivo con la mayor distancia focal jamás construido para una réflex (léase el rotundo "jamás construido" más bien como "que yo sepa") es el Nikkor 2000mm f/11. Dos metros de distancia focal. 17,5 kilos, 254mm de frontal y distancia mínima de enfoque 18 metros. Como decimos por aquí: Ños!

Como decíamos ayer... uno de los dos números que "definen" un objetivo es su distancia focal. El segundo número es la abertura máxima del objetivo, expresada en lo que se conoce como número f.

en breve (para los que practican lectura diagonal, van con prisas o no les apetece leerse todo el ladrillo):

- el número f indica la luminosidad de un objetivo
- a menor número mayor luminosidad
- cuanto mayor es la luminosidad, menos luz nos hará falta para tomar fotos
- a mayor distancia focal, la luminosidad suele ser menor
- a mayor luminosidad, el objetivo tiende a ser más grande, caro y pesado

¿Abertura máxima? ¿locualo?

En realidad, el concepto es la "abertura máxima del diafragma incorporado en el objetivo", o más exactamente, el "diámetro máximo del haz de luz que pasa a través del objetivo". El diafragma es un mecanismo que controla la cantidad de luz que pasa a través del objetivo. ¿Recuerdan la metáfora de la cámara como una caja con un agujero? Pues el diafragma vendría a ser el mecanismo que controla el diámetro del agujero. Por extensión, se llama también diafragma al valor que expresa la abertura relativa: "esta foto está hecha con un diafragma de 4.5". Y cuando hablamos de objetivos, se refiere al valor que tiene la apertura máxima.

¿Y de donde sale este valor? Pues es muy sencillo: es la distancia focal dividida por el diámetro del haz de luz incidente, es decir, generalmente, por el diámetro de la abertura del diafragma.

f=distancia focal/diámetro del diafragma

En la práctica:

En un objetivo de 50mm, si la apertura máxima es de 1.2, tenemos 1.2=50/d, por lo cual el diámetro del diafragma a la máxima apertura es d=50/1.2=41.67mm

Si la apertura máxima fuese de 1.8, el diámetro del diafragma a su máxima apertura sería de 50/1.8=27.78mm

Inciso: nótese que uso indiferentemente los términos "abertura" y "apertura". Es algo habitual, y de hecho, la RAE los reconoce como sinónimos en esta acepción. A mí me suena "más correcto" apertura, pero hay amplios debates al respecto. La gente se aburre mucho.

Debemos tener en cuenta que si cerramos el diafragma (el diámetro es menor), entrará menos luz, y dada la forma en que se calcula, el número f será mayor (ver ejemplo anterior). Es decir: a menor número f, mayor cantidad de luz puede entrar por el objetivo. En contra de lo que podría dictarnos la intuición.

La serie de valores f/

Volvamos a la definición: con esa fórmula, el rango de aperturas posibles es prácticamente infinito, por lo que los fabricantes de ópticas decidieron ponerse de acuerdo y "estandarizar" una serie de aperturas, independientemente de las marcas y tipos de objetivos, que sirviese para manejarlas de forma más cómoda. Esta serie de aperturas normalizadas comienza en f/1, y cada valor deja pasar la mitad de luz del anterior, y el doble que el siguiente. Los valores más habituales son:

1.4 2 2.8 4 5.6 8 11 16 22

(si hay algún matemático en la sala, verá que se trata de una serie geométrica con razón raíz de dos, con algo de redondeo)

Entre una apertura y otra se dice que hay "un punto" de diafragma.

La mayoría de objetivos y cámaras modernos permiten seleccionar valores intermedios, como 1.8 o 3.5. En esos casos se habla de "medio" punto, o más habitualmente, de "un tercio" de punto, lo que permite ajustar aún más la exposición... pero eso ya se sale del tema de esta entrada.

Pero todo esto, ¿para qué sirve?

Esta íntima relación entre la distancia focal y el número f no es una simple fórmula o una definición teórica para pasar el rato, sus implicaciones en el diseño de objetivos son fundamentales:

- para objetivos de una distancia focal dada, un f mayor implica un mayor diámetro de la apertura máxima. Esto se traduce en lentes de mayor diámetro = objetivos de mayor tamaño y peso. Y también, ópticas más caras. Una simple diferencia de un punto de luminosidad en objetivos de características y calidades similares supone varios cientos o incluso miles de euros de diferencia.

- a mayor distancia focal, el número f es menor para el mismo diámetro (en mm) de la apertura. A efectos prácticos, la apertura máxima disponible disminuye notablemente (a no ser que dispongamos de lentes excepcionalmente voluminosas). Por ello, la luminosidad de los objetivos tiene a disminuir con distancias focales grandes, y si para un 50mm un 1.8 es aceptable, para un 400mm un f4 es bastante luminoso.

Ojo: hay objetivos y objetivos. Es posible encontrar, por ejemplo, objetivos de 100mm con mayor abertura que algún 70mm, pero desde luego, no es lo normal, y se nota en el precio.

Un ejemplo práctico: el Nikkor 200 mm f2.0 AF-S VR, un 200 mm con una apertura de 2, notable para su distancia focal. Pesa casi tres kilos, mide 12.4 x 20.3 cm, y cuesta unos 4.500 euros. Su "primo pobre", el veterano AF-Nikkor 200mm f4 D ED-IF, aunque mide también unos 20 centímetros de largo, tiene 7 de ancho, "sólo" pesa 1.2 kilos, y "apenas" cuesta 1.500 euros. Aún teniendo en cuenta que el primero dispone de estabilizador de imagen, un mejor motor de enfoque y un diseño más moderno, la idea queda bastante clara...

¿Y los zooms?

Y si la apertura máxima se define en función de la longitud focal, ¿que pasa con los objetivos de longitud focal variable (zooms)?

Pues en la mayoría de los casos, lo que sería de esperar: la apertura máxima varía con la longitud focal. Por eso, no es extraño ver en un zoom una denominación tal que 18-70mm f/3.5-4.5 Lo que nos dicen estos numeritos es que se trata de un zoom con una distancia focal de entre 18 y 70mm, con una apertura máxima de 3.5 a los 18mm, y de 4.5 a los 70mm. Como era de esperar, la apertura máxima a la máxima distancia focal es siempre menor que a la mínima distancia focal (disculpen el trabalenguas).

Sin embargo, tampoco es extraño ver algo como 17-55mm f/2.8, en el que un objetivo de distancia focal variable consigue mantener una apertura máxima fija, gracias a las técnicas usadas en su construcción.

También es interesante comentar que los objetivos de focal fija suelen tener mejores aperturas (números f más bajos) que los zoom equivalentes. Nada extraño, dado que su construcción está optimizada para esa longitud focal.

Entonces, cuanto más bajo el numerito, mejor, ¿no?

Pues no. Como en casi todo, lo "mejor" es lo que más se adapta a nuestros gustos y necesidades.

A la hora de elegir un objetivo viendo su luminosidad, hemos de evaluar si realmente necesitamos un número f muy bajo. Por lo general, a no ser que por circunstancias especiales necesitemos obtener fotos con muy poca luz, sin posibilidad de usar flash ni trípode, la elección adecuada suele ser un objetivo con una luminosidad media. Un 50mm con un número f de 1.8 es perfectamente aceptable. Un 1.4 es interesante, pero un 1.2 sólo debería considerarse en aplicaciones profesionales que realmente lo requieran, no sólo por el precio desorbitado que puede llegar a alcanzar, sino también porque estas aperturas extremas suelen repercutir negativamente en otros parámetros de calidad de la lente, como la nitidez de la imagen obtenida. En el caso de los teleobjetivos, cargar con un objetivo de 7 kilos (de peso) por ganar dos puntos de apertura es algo a valorar. Para un fotonaturalista que toma imágenes desde un hide al amanecer o atardecer, o un fotoperiodista deportivo obligado a usar velocidades altas, puede ser imprescindible; pero para de ir de excursión o de safari fotográfico, seguramente sea más un estorbo que una ayuda.

Para liarlo un poco...

El concepto queda más o menos claro: el número f es la distancia focal dividida por el diámetro de la apertura.

La guinda, sólo como curiosidad: el diámetro de la apertura no siempre se corresponde con el diámetro "físico" de la apertura del diafragma. En ocasiones, la disposición y diseño de las lentes de un objetivo varían el diámetro efectivo del haz de luz.

Pero esto no afecta ni al significado del número f ni a su utilidad, así que si él párrafo anterior suena muy confuso, bórrelo de su memoria.

Hay otras historias, pero deben ser contadas en otra ocasión...

Ahora que tienen una idea de distancias focales y números f, un detalle importante: los extremos son perjudiciales. En un objetivo dado, si no es importante para la composición de la imagen, normalmente los valores intermedios de f (entre 5.6 y 11) ofrecen mayor nitidez que el valor máximo o el mínimo (no confundir nitidez con profundidad de campo: la mayor profundidad de campo se obtiene siempre con la menor apertura). De igual manera, en los zooms, las aberraciones del objetivo (cromáticas, de barril...) se concentran en sus valores máximo y mínimo de distancia focal. Si el objetivo es bueno, normalmente las diferencias serán imperceptibles. Pero no está de más tenerlo en cuenta.

Por otro lado, el número f es uno de los valores más importantes cuando hablamos de fotografía: junto a la velocidad, es uno de los dos factores que determinan la exposición de una fotografía. Y es el valor del que depende directamente la profundidad de campo.

Volveremos sobre él algún día...

Para saber más

Excelente artículo sobre el número f en la Wikipedia [en]
Para los aficionados a los números, una explicación numérica más a fondo (pero aún así, entendible) [en]

Estaba pensando en escribir una entrada sobre tipos de objetivos, pero me estaba quedando un poco larga y no muy clara, así que voy a dividirla en dos (o tres), si no les importa, y dedicaré esta primera parte a hablar de algunos conceptos básicos.

Lo más básico: una cámara no es más que una caja con un agujero

(bueno, y algún material sensible para fijar la imagen)

La luz pasa por ese agujero durante un tiempo y con una intensidad determinada, e impresiona el material sensible que hay dentro. Podemos ponerle a la caja once puntos de enfoque, un sensor CCD de 12 millones de píxels, sincronización con flash a 1/250, balance de blancos, bracketing o un diseño de Luigi Colani, pero no dejará de ser una caja con un agujero.

Ahora bien, la luz que pasa por ese agujero es muy importante. Y resulta que si ponemos una lente delante, conseguimos aumentar de forma notable la nitidez y luminosidad de la luz que llega. La descripción físico/óptica del por qué esto sucede así excede a las pretensiones de este artículo, baste con decir que usando diferentes tipos, tamaños y formas de lentes, pueden "encaminarse" los rayos de luz que llegan al objetivo, para que convergan en un punto: la película o el sensor (u otro punto delante o detrás, y entonces la imagen aparece desenfocada).

Los objetivos modernos no están compuestos de una sola lente, sino de varias, que trabajan en conjunto para conseguir la mejor imagen posible. La calidad de estas lentes, su número (hasta 16 en algunos objetivos), disposición y tratamiento que reciben (para evitar reflejos o aberraciones cromáticas) son muy variadas, y de ellas depende directamente la calidad, prestaciones, y por supuesto, el precio de los objetivos.

Cuando compramos una compacta no solemos fijarnos mucho, pero al dar el salto a SLR, el objetivo pasa a ser una pieza fundamental del equipo, mucho más que el número de píxels o el tamaño de la pantallita. Cuanto mejor sea nuestro objetivo, mejores fotos, así de claro (bueno, usen su sentido común: si ponen un objetivo top model a una caja de zapatos con un agujero no va a mejorar demasiado). La idea es: si tiene que decidir entre una cámara buena y malos objetivos, o una cámara asíasí y buenos objetivos, opte por lo segundo. Ya aparecerá una cámara nueva en 4 o 5 años, pero los objetivos son para toda la vida.

Hay dos factores que permiten definir, con algo de práctica, cuan bueno es un objetivo (bueno=se adapta a nuestras necesidades): el primero es el "nombre", esa colección de números y letras tipo 28-300 mm f3.5-5.6 EF L IS USM. El otro factor es el precio: por lo general, cuánto más alto, mejor será el objetivo. Ninguna sorpresa en esto.

¿Y que significan esos numeritos?

Bien, el primero de ellos, que suele ir acompañado de la abreviatura mm (milímetros), es la distancia focal.

Concepto breve: cuánto más grande es la distancia focal, más cerca se ven las cosas.

Definición formal: es la distancia entre el eje óptico de la lente y el foco (punto o plano focal). Fotográficamente hablando, es la distancia que hay entre el plano central de la lente y el negativo o sensor de la cámara. Si el objetivo fuese una lente única, el plano de la lente seria el punto en el que los rayos de luz modifican su trayectoria para empezar a concentrarse. En una óptica compuesta, que es lo normal, es un plano interior al conjunto de lentes, que cumple esa misma condición y cuya posición exacta depende de la construcción del objetivo.

En el caso de los zooms, podemos desplazar la disposición de las lentes, variando el plano de la lente, y por tanto, obteniendo una distancia focal variable (más sobre esto próximamente).

En el caso de la película de 35 mm (el tamaño estándar más extendido) los objetivos que tienen una distancia focal aproximadamente igual a la diagonal del negativo/sensor (plano focal), unos 43 mm, captan un ángulo de visión de unos 46º, similar a los 45-55º que capta el ojo humano. De ahí que a los objetivos con esa distancia focal se les llame "normales".

Objetivos con una distancia focal mayor cubren un menor ángulo, "recortando" la imagen que se proyecta sobre el plano focal, y por tanto, "acercando" el sujeto fotografiado. Por ejemplo, un 80 mm tiene un ángulo de visión de 30º, y un 135 mm tiene un ángulo de visión de 18º.

A la inversa, los objetivos con una distancia focal más pequeña cubren un mayor ángulo de visión, abarcando más objetos y "alejando" el sujeto fotografiado. Un objetivo de 35 mm capta unos 46º, y uno de 28 mm, 74º.

Un detalle muy importante es que los objetivos siempre indican su distancia focal en base a un tamaño de negativo de 43mm de diagonal, lo habitual en cámaras de película. Pero las cámaras digitales rara vez tienen un sensor con ese mismo tamaño (full frame, que lo llaman). Por eso un factor importante a tener en cuenta, especialmente si ya tenemos una colección interesante de cristales, es el factor de multiplicación de la cámara:

El sensor de las cámaras digitales suele ser más pequeño, por lo que la imagen aparece "recortada", produciendo el efecto equivalente a un objetivo de mayor distancia focal (que cubre un menor ángulo de visión). Así, un objetivo de 50 mm en una cámara que tenga un factor de multiplicación de 1.5, equivaldría a un 75mm en una cámara de película (50x1.5=75).

El segundo numerito que define un objetivo es la apertura máxima, o número f. Pero eso lo dejaremos para otro día, que bastante largo está quedando esto ya.

Si no les apatece esperar, en Fotonostra tienen una serie de artículos que explican bastante más conceptos que los que yo contaré por aquí. Y en How stuff works explican más o menos lo mismo, en inglés, pero con dibujitos.

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